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Martes, 19 De Marzo
San José, esposo de María

Hombre justo escogido por Dios para ser el esposo de María y hacer las veces de padre de Jesús en la tierra

ST JOSEPH,STATUE
Shutterstock
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Lo más probable es que san José muriera antes del comienzo de la vida pública de Jesús, ya que no estaba presente en las bodas de Caná ni se habla más de él. De estar vivo, san José hubiese estado sin duda al pie de la cruz con María. La entrega que hace Jesús de su Madre a san Juan da también a entender que ya san José estaba muerto.

Según san Epifanius, san José murió a los 90 años y la Venerable Bede dice que fue enterrado en el Valle de Josafat. Pero estas historias son dudosas.

La devoción a san José se fundamenta en que este hombre “justo” fue escogido por Dios para ser el esposo de María Santísima y hacer las veces de padre de Jesús en la tierra.

Durante los primeros siglos de la Iglesia, la veneración se dirigía principalmente a los mártires. Quizás se veneraba poco a san José para enfatizar la paternidad divina de Jesús. Pero, incluso así, los Padres (san Agustín, san Jerónimo y san Juan Crisóstomo, entre otros), ya nos hablan de san José. Según san Callistus, esta devoción comenzó en Oriente, donde existe desde el siglo IV, y relata también que en la gran basílica construida en Belén por santa Elena había un hermoso oratorio dedicado a este santo.

Según san Pedro Crisólogo, “José fue un hombre perfecto, que posee todo género de virtudes”. El nombre de José en hebreo significa “el que va en aumento”. Y así se desarrollaba el carácter de José, crecía “de virtud en virtud” hasta llegar a una excelsa santidad.

En Occidente, referencias a (Nutritor Domini) san José aparecen  en el siglo IX en martirologios locales y en el 1129 aparece en Bolonia la primera iglesia a él dedicada.

Algunos santos del siglo XII comenzaron a popularizar la devoción a san José, entre ellos san Bernardo, santo Tomás de Aquino, santa Gertrudis y santa Brígida de Suecia. Según Benito XIV (De Serv. Dei beatif., I, iv, n. 11; xx, n. 17), “la opinión general de los conocedores es que los Padres del Carmelo fueron los primeros en importar de Oriente a Occidente la laudable práctica de ofrecerle pleno culto a San José”.

En el siglo XV, merecen particular mención como devotos de san José los santos Vicente Ferrer (m. 1419), Pedro d`Ailli (m. 1420), Bernadino de Siena (m. 1444) y Jehan Gerson (m. 1429).

Finalmente, durante el pontificado de Sixto IV (1471 – 84), san José se introdujo en el calendario Romano en el 19 de marzo. Desde entonces su devoción ha seguido creciendo en popularidad. En 1621 Gregorio XV la elevó a fiesta de obligación. Benedicto XIII introdujo a san José en la letanía de los santos en 1726.

Explica san Bernardino de Siena: “… siendo María la dispensadora de las gracias que Dios concede a los hombres, ¿con cuánta profusión no es de creer que enriqueciese de ellas a su esposo san José, a quien tanto amaba, y del que era respectivamente amada?” Y así, José crecía en virtud y en amor para su esposa y su Hijo, a quien cargaba en brazos en los principios y luego enseñó su oficio y con quien convivió durante treinta años.

Los franciscanos fueron los primeros en tener la fiesta de los desposorios de la Virgen con San José. Santa Teresa tenía una gran devoción a san José y la afianzó en la reforma carmelita poniéndolo en 1621 como patrono, y en 1689 se les permitió celebrar la fiesta de su patronato en el tercer domingo de Pascua. Esta fiesta eventualmente se extendió por todo el reino español.

La devoción a san José se arraigó entre los obreros durante el siglo XIX.  El crecimiento de su popularidad movió a Pío IX, él mismo un gran devoto, a extender a la Iglesia universal la fiesta del Patronato (1847) y en diciembre de 1870 lo declaró Santo Patriarca, patrón de la Iglesia católica. San Leo XIII y Pío X fueron también devotos de san José. Este último aprobó en 1909 una letanía en honor a San José.

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