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Martes, 05 De Mayo
Beatos Mártires de Motril

Uno de los casos en que toda una comunidad religiosa, excepto un hermano, fue sacrificada y convertidos a ruinas la iglesia y su convento

© Asolrac1
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Fr. Vicente Soler y otros seis compañeros agustinos recoletos españoles fueron beatificados por san Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro el 7 de marzo de 1999.

Los presbíteros Fr. Vicente Soler, Fr. Deogracias Palacios, Fr. León Inchausti, Fr. José Rada, Fr. Julián Moreno, Fr. Vicente Pinilla y, el hermano, Fr. José Ricardo Díez, formaban la comunidad de agustinos recoletos de Motril, en Granada.

Fr. Vicente Soler había sido Prior Provincial y Prior General.

Murieron en julio y agosto de 1936, por ser religiosos y por su ardiente celo en el anuncio del reino de Dios. Sellaron con su sangre la fidelidad a Cristo y a la Iglesia.

El papa san Juan Pablo II decía en la homilía de la Eucaristía de beatificación:

”Hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios […] y nos gloriamos apoyados en la esperanza de los hijos de Dios”(Rm5, 1-2).

Hoy la Iglesia, al proclamar beatos a los mártires de Motril, pone en sus labios estas palabras de san Pablo. En efecto, Vicente Soler y sus seis compañeros agustinos recoletos, y Manuel Martín, sacerdote diocesano, obtuvieron por el testimonio heroico de su fe el acceso a la “gloria de los hijos de Dios”.

Ellos no murieron por una ideología, sino que entregaron libremente su vida por Alguien que ya había muerto antes por ellos. Así devolvieron a Cristo el don que de él habían recibido".

Y en el Ángelus del mismo domingo día 7 de marzo:

"Saludo con afecto a los obispos y fieles de lengua española, y a los religiosos agustinos recoletos venidos para la beatificación de los mártires de Motril, e invito a todos a no olvidar el testimonio elocuente de su fe, pues la sangre de los mártires da vitalidad a la Iglesia, que se prepara con esperanza a afrontar los grandes desafíos evangelizadores del tercer milenio".

Se trata de uno de los casos en que toda una comunidad religiosa, si se exceptúa un hermano de obediencia de 68 años, fue sacrificada y convertidos a ruinas la iglesia y su convento.

La muerte de esos siete religiosos y del párroco de la Divina Pastora de Motril tiene un valor testifical especial, porque tanto los religiosos como el párroco martirizado con ellos estaban dedicados al ejercicio del apostolado silencioso y de la caridad entre la gente humilde de la ciudad.

Ellos perdonaron a sus verdugos, tuvieron el consuelo de tener en paz sus conciencias y murieron exclusivamente por ser sacerdotes y religiosos.

Artículo publicado originalmente por oarecolectos.org

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Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno,
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Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos.
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El Padre y yo somos una sola cosa". Jn. 10,22-30

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