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Hoy celebramos a...

Domingo, 22 De Abril

San Agapito

Papa de Roma comprometido con la verdad y la Iglesia

AGAPITUS
Public Domain
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Hoy 22 de abril, la Iglesia conmemora el tránsito a Dios de san Agapito, quien muriera en un día como hoy del año 536, en la ciudad de Constantinopla, capital del Imperio Romano en Oriente.

Nacido en la ciudad de Roma en el siglo V, fue sumo pontífice de la Iglesia católica. San Gregorio Magno impulsó su culto. Sus restos se veneran en la Basílica de San Pedro en Roma. La Iglesia oriental celebra su fiesta el 17 ó 18 de abril, mientras que el martirologio romano lo recuerda el 28 de este mismo mes, día de su nacimiento.

Unidos a quienes entregan su vida al servicio de la Iglesia y a la Iglesia de Roma, brindemos nuestro caluroso aplauso a san Agapito.

Meditación

Nací en una noble familia que ya había dado un Papa, San Félix II, y que más tarde dará otro, San Gregorio I. Mi padre Giordano, era sacerdote del título de los Santos Juan y Pablo del Celio. Yo llegué a ser archidiácono de la Iglesia de Roma. Mi mayor deseo fue fundar en Roma una universidad cristiana, como la de Alejandría o la de Nisibe. Pero Dios tenía otros planes para mí.

Muerto el papa Juan II, tuve una gran prueba: a los cinco días de su fallecimiento, me eligieron para sucederle. Nunca me lo hubiera imaginado, pero comprendí que era la voluntad de Dios.

Confiando en Él, la acepté y mi primer acto como papa fue de reparación:

Félix III, para impedir que a su muerte los partidos godo y bizantino, en los que estaba dividido el pueblo y el clero de Roma, se peleasen por la elección del sucesor, decidió nombrarlo él mismo. Así, el nuevo apa Bonifacio II, con la amenaza de excomunión, obligó a sesenta sacerdotes a firmar un documento confesando su culpa y condenando a Dióscoro, su opositor.

Esto no podía aceptarse. Hice que se quemara este documento delante de todo el clero de Roma y se reafirmara el principio de la libre elección del papa. Hecho esto, me dediqué a mantener viva la tradición de la Iglesia. Una de mis grandes alegrías fue la liberación de la Iglesia africana del poder vándalo. Y uno de mis grandes dolores fue la guerra greco-gótica que consumió mi vida.

Artículo publicado originalmente por Radio Vaticano 

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Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas.
El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa.
Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas.
Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí
-como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre- y doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor.
El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla.
Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre". Jn. 10,11-18

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