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Domingo, 20 De Septiembre
San Andrés Kim y compañeros mártires

Suponen las primicias de la Iglesia coreana, regándola con su vida, entregada generosamente

MARTYRS
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Desde el siglo XVII, la fe cristiana había prendido en Corea originando grandes comunidades. Pero, como la fidelidad se nota en las pruebas, esta Iglesia sufre una violenta persecución que se agudiza en el siglo XIX.

Los gobernantes coreanos luchan por extinguir la nueva religión que les molesta. Muchos son los cristianos que son apresados y mueren por servir a Cristo.

Entre ellos, se encuentra este celoso presbítero y pastor de almas Andrés Kim, quien había luchado en bien de las vocaciones sacerdotales y del clero nativo.

Entre los martirizados estaban el propio bisabuelo, al que Andrés no conoció, pero sí a su padre, al que vio cómo sufría y entregaba la vida por Cristo, mientras su madre era condenada a pedir limosna por la calle.

A él le siguieron un grupo numeroso de fieles, entre los que se encuentra el insigne apóstol seglar Pablo Chong.

Este nutrido elenco de creyentes, con sus sufrimientos suponen las primicias de la Iglesia coreana, regándola con su vida, entregada generosamente. No en vano, la sangre de mártires es semilla de nuevos cristianos.

Andrés Kim siempre es representado con la vestimenta sacerdotal y con la palma del martirio. En otras ocasiones se le representa en el momento del sufrimientos y con sus compañeros accediendo al cielo.

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña. Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: 'Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo'. Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: '¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?'. Ellos les respondieron: 'Nadie nos ha contratado'. Entonces les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña'. Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: 'Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros' (Mt 20,1-16).
Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario.
Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario.
Y al recibirlo, protestaban contra el propietario,
diciendo: 'Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada'.
El propietario respondió a uno de ellos: 'Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario?
Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti.
¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?'.
Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos». Mt. 20,1-16a

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