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Hoy celebramos a...

Domingo, 19 De Julio
Beata Vicentita Chávez Orozco

Fundadora de la Congregación de las Siervas de la Santísima Trinidad y de los Pobres

VICENTITA CHAVEZ OROZCO
Siervas de la Santísima Trinidad y de los Pobres
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Hoy, 19 de julio, la Iglesia recuerda a la beata María Vicenta de santa Dorotea Chavez Orozco, quien muriera santamente en un día como hoy del año 1949 en Guadalajara, México. Nacida en el año 1867 en Cotija, México, fue fundadora de la Congregación de las Siervas de la Santísima Trinidad y de los Pobres. En el año 1997 el Papa Juan Pablo II la proclamó Beata.

Meditación

QUERIDA VICENTA: al recordar tu vida, te encontramos en el seno de una humilde y cristiana familia. Creciste así con una notable devoción al Niño Jesús y solías invitar a tus amigos a rezar contigo.

Cuando tenías 25 años te enfermaste gravemente y tuvieron que internarte en el pequeño hospital de la Parroquia de Mexicaltzingo, bajo el cuidado de las Damas de la Conferencia de San Vicente de Paoli. Esta experiencia de dolor y la dedicación con la cual se ocuparon de ti, te hicieron comprender cuál era tu camino: querías dedicarte a Dios y al cuidado de tus hermanos.

Por eso, una vez restablecida tu salud, decides volver al hospital, esta vez, para ocuparte tú misma de los enfermos. Poco después, te consagraste al Señor y te llamaron "Vicentita".

Con el lema de San Pablo "la caridad de Cristo nos anima" fundas la Congregación de las Siervas de la Santísima Trinidad y de los pobres. El servicio a tus hermanos era para ti un modo para glorificar a Dios. Tu vida se convirtió en un ejemplo de celo apostólico, paciencia y tierna compasión por los más necesitados.

Nombrada superiora general de la congregación, desempeñaste esta tarea por treinta años con amabilidad y dulzura. Dificultades y contratiempos fueron modelando tu carácter enérgico.

Sufriste la persecución religiosa que estalló en México en 1926 pero tú, a escondidas, continuaste tu labor de ayuda a los necesitados, hasta el día en que, victima de un ataque cardiaco, concluiste tu vida terrena para unirte definitivamente al Señor.

Artículo originalmente publicado por Radio Vaticano 

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Jesús propuso a la gente otra parábola:
"El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo;
pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.
Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña.
Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: 'Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?'.
El les respondió: 'Esto lo ha hecho algún enemigo'. Los peones replicaron: '¿Quieres que vayamos a arrancarla?'.
'No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo.
Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero'".
También les propuso otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.
En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas".
Después les dijo esta otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa".
Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas,
para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.
Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: "Explícanos la parábola de la cizaña en el campo".
El les respondió: "El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;
el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno,
y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.
Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo.
El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal,
y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes.
Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!" Mt. 13,24-43

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