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Domingo, 13 De Septiembre
San Juan Crisóstomo

Ordenado Sacerdote, se extendió pronto su fama de gran predicador

SAINT JOHN CHRYSOSTOM
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Hoy recordamos a San Juan Crisóstomo. Antioquía vio nacer el año 349 a este Obispo y Doctor de la Iglesia. Su esmerada educación, le ayuda a profundizar en la Fe, descubriendo pronto su camino por las sendas de la vida monástica. Ordenado Sacerdote, se extendió pronto su fama de gran predicador. No en vano le llamaron Crisóstomo, término griego que significa “boca de oro”.

El año 397 la Providencia Divina se fijó en él para que fuese Patriarca de Constantinopla. Su celo apostólico le llevó a cuidar de forma especial la vida espiritual de los fieles. Tuvo un comportamiento ejemplar, siendo un verdadero testigo de la Fe. Así experimentó lo que dice el Evangelio sobre ser signo de contradicción, sufriendo el destierro dos veces. Muere el año 407. Durante su vida fue un hombre de gran experiencia espiritual, lo que le llevaba a sentirse también más servidor de los pobres y necesitados, reconociendo que lo que hiciese con ellos, se lo hacía al propio Señor.
Iconografía: Se le representa con un libro en la mano sibolizando sus escritos.
Otros Santos: Eulogio, Amado e Israel.

Escrito por Jesús Luis Sacristán

 

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Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".
Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos". Mt. 18,21-35

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