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Cómo ayudar a un niño tímido

Shy, Child, Boy, Mother,

© LumineImages I Shutterstock

Edifa - publicado el 21/12/20

¿Tu hijo es tímido? Si se siente incómodo en grupos o ante situaciones novedosas, necesitarás acompañarle para ayudarle a vencer su timidez

Aymeric es un niño tímido. Tiene 6 años y acaba de entrar en Primaria. Sueña con ser futbolista profesional, pero, en el recreo, prefiere observar cómo juegan los demás. “No corro tan rápido”, explica a Priscille, su madre, mientras le cuenta con pasión el partido por la noche. “En casa es hablador con las personas que conoce bien – cuenta la madre. – Es un chiquillo feliz, fácil en la convivencia y apreciado entre sus amigos”.

Sin embargo, pasó sus años de preescolar sin abrir la boca. Desde hace poco, “levanta el dedo y participa, me alegré y me sorprendí mucho cuando su maestra me lo dijo”. Atenta al comportamiento de Aymeric, pero sin dramatizar, Priscille atribuye su timidez a varios factores: “De pequeño, a mi marido también lo consideraban un niño tímido, pero él no se sentía incómodo. Simplemente, prefería observar”. Un carácter quizás acentuado por el hecho de que pasaba mucho tiempo solo con una niñera, analiza su madre, cuyo corazón se acongoja a veces al ver a su hijo con problemas.

Diferencias entre el reservado y el tímido

Catherine Nivet tiene niños tímidos todos los años en su clase. Esta maestra de escuela desde hace treinta años en infantil tiende a diferenciar entre el alumno reservado y el niño tímido.

“El reservado, por carácter, no se abre a la primera persona que llega o necesita un tiempo de observación para iniciar una relación. El niño tímido es verdaderamente retraído, se hace pequeñito, como si quisiera desaparecer, por miedo a la imagen que dará de sí mismo o por temor a equivocarse”.

Como padres, ¿cómo encontrar la actitud apropiada cuando un hijo o hija se queda en un rincón mientras los demás juegan juntos, cuando se balancea de un pie a otro negándose a decir buenos días o cuando sufre crisis de ansiedad incomprensibles en situaciones anodinas, mientras que es otra persona diferente en casa?

No alarmarse y estar atentos

“Evito al máximo apresurarle”, afirma Priscille. En vez de emplazamientos a lanzarse, a jugar con los demás, esta madre prefiere tranquilizarle y transmitirle confianza, convencida de que la timidez es un síntoma de ansiedad: “Sé que los rituales son muy importantes para él, así que presto atención a no olvidar el abrazo de la mañana cuando lo dejo en el colegio, porque sé que la mañana depende de ello”. Sin embargo, se mantiene atenta para que su hijo no se encierre en ese personaje de niño tímido, porque siente que puede sentir ahí “una tentación de salida fácil”.

Catherine Nivet recomienda a los padres no alarmarse y estar atentos a los pequeños indicios que muestren que el niño va bien: “Cuando lo observamos disimuladamente, siempre hay un momento en el que el niño se relaja y sale de su reserva para volver a ser él mismo. Es entonces cuando podemos animarle y saber qué es lo que le agrada.

Creo que es bueno provocar momentos que gusten al niño, como la lectura, el deporte, el dibujo o cualquier otra actividad en la cual se sienta cómodo para expresarse. Poco a poco, va aprendiendo a conocerse y a quererse a sí mismo”. A través de los ojos benevolentes con que les miramos, los niños tímidos necesitan “saber que cada uno tiene su lugar en el mundo, que son importantes, que tienen cosas que aportar a los demás”.

Aceptar al niño tal y como es

¿Y si el acompañamiento de nuestros hijos comenzara por un trabajo sobre nosotros mismos?

Anne-Astrid está convencida de ello, con su hija mayor de 7 años que “comienza a hacer muecas, se come la manga de su suéter o mira con ojos raros” a los nuevos conocidos.

Me he percatado de que muchos niños tímidos que conozco son los mayores de sus hermanos. Quizás, inconscientemente, les sometemos a demasiada presión”, se pregunta esta madre.

“Todos queremos que nuestros hijos den buena imagen, que digan buenos días… Sin embargo, yo siento que es mejor para mí quedarme al margen, aunque a algunos les parezca grosero. Sin embargo, espontáneamente me siento tentada de rectificar. Lo esencial para ayudarla a crecer es el amor que le dedicamos, sin juzgarla”.

Abandonar las expectativas que podamos tener sobre nuestros propios hijos es también el aspecto donde pone el acento Hélène, madre de tres, de los cuales dos tienen “dificultad para acercarse a los demás, se sienten incómodos en comunidad y a la hora de tomar la palabra en clase”.

“Al principio, me costó mucho aceptar esta situación”, confiesa. “Entonces sentí que estaba atrapada en esa idea prevaleciente de que a los adultos les atraen más los niños atrevidosque los niños más discretos. Entre los adultos, también hay líderes y seguidores. ¿Por qué no admitimos lo mismo con los más pequeños?”.

Hélène habla mucho con sus hijos: “Intentamos poner en palabras los miedos de cada uno. ¡Hablamos de las cosas y nos reímos, sin tabúes!”.

Como la timidez es también el síntoma de una dificultad para la autoestima, ella repite a sus hijos: “No sois lo que los demás imaginen de vosotros”. Está convencida de ello, el carácter reservado de sus hijos comporta muchos aspectos positivos: “Gracias a las conversaciones que tenemos en familia, espero que ganen en libertad de pensamiento y que sean conscientes de que ninguna persona debe jamás quedar reducida a lo que perciban de ella”.

Sophie le Pivain


ADHD

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