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El arte de tomar decisiones en pareja

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Martin Novak - Shutterstock
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¿Ya están ustedes discutiendo? Como aprender a decidir entre dos sin gritos ni peleas

Se desdibujan los últimos rayos de la luna de miel y se perfila una faceta desconocida y un poco decepcionante del ser amado: quiere imponer sus formas de ver y de hacer.

“Hasta ahora, estaba dispuesto/a a hacer lo que yo quería y ahora se planta delante de mí oponiéndose y exigiendo lo que espera de la relación”.

Una situación frecuente en muchas parejas que inician la vida en común y que descienden, un poco abruptamente, de su pequeña nube. De repente, se confrontan mutuamente y se descubren tal y como son realmente, con sus cualidades, pero también con sus defectos, sus diferencias y también su deseo de tener su espacio en la relación. Entonces, ¿cómo aprender lo necesario para tomar decisiones entre dos?

Expresar nuestras expectativas, necesidades y esperanzas

Esto es lo que todo el mundo querría comprender… “Pero si es a expensas de mí mismo… Yo existo, así que manifiesto mis deseos y mis necesidades”. Y todos pasmados con la boca abierta. No se ha comprendido bien lo que representa la vida en pareja. Esta lucha por el poder es inevitable y necesaria. Además, más vale aprender a decidir entre dos que intentar aplicar una mano de hierro que solamente engendrará perjudicados. Y saber a veces ceder generosamente ese pequeño pedazo de poder que codiciamos…

La pareja debe explorar junta todos los ámbitos de la vida: organización de vida doméstica, evolución de las carreras profesionales, lugar de veraneo, número y educación de hijos, gestión de finanzas, vida social, vida sexual…

Todo esto permite que cada uno se sitúe con respecto al otro y exprese sus expectativas, necesidades y esperanzas.

De la lucha por el poder a saber compartirlo

Estos tiempos de ajuste no serán, sin duda, un campo de flores, pero permitirán pasar de la lucha por el poder a aprender a compartirlo. Saber compartirlo tendrá en cuenta las diferencias fundamentales: “Yo soy hombre”, “Yo soy mujer”, y diferencias particulares ligadas al carácter, la educación, las aptitudes…

Las diferencias, en vez de separar, terminarán enriqueciendo la relación. Aceptarlas es, sin ninguna duda, una etapa importante tanto de nuestro crecimiento personal como de nuestra pareja, tal y como nos exhorta san Pablo (Rm 15,7): “Sean mutuamente acogedores, como Cristo los acogió a ustedes para la gloria de Dios”.

Marie-Noël Florant

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