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Carta abierta a… un recién ordenado sacerdote

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 Para un amigo en el día de su ordenación sacerdotal

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Querido amigo:

“Tú eres sacerdote para siempre” (Sal 110).

¿Por qué tú?

Mi vocación es don y misterio”, escribió san Juan Pablo II. Él llamó para Sí a quienes quiere para “que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar” (Mc 3,14).

“Estamos aquí por la voluntad del pueblo y sólo saldremos por la fuerza de las bayonetas”, dijo el revolucionario diputado francés Mirabeau. Aunque la voluntad del pueblo es versátil…

Nosotros somos sacerdotes por la voluntad de Dios y la llamada de la Iglesia y eso nos da una fuerza y una libertad que nadie podrá arrebatarnos jamás. Un pastor según el corazón de Dios siempre es libre e inclasificable.

“Soy una mezcla de anarquista y de conservador, pero en unas proporciones que están por determinar”, dijo el actor y héroe de guerra francés Jean Gabin. En este ámbito, sé como Gabin…

ŚWIĘCENIA KAPŁAŃSKIE
Robert Woźniak/EAST NEWS

A veces escucharás que los sacerdotes son “como todo el mundo”. Esto es, a la vez, cierto y profundamente falso.

Es muy cierto, somos quizás más “hombres” que muchos hombres, porque medimos nuestra debilidad y nuestro pecado a fuerza de frecuentar la santidad del Maestro.

El sacerdocio es una realidad tan alta que, a veces, es imposible no traicionarla.

También somos muy humanos porque mantenemos nuestra vida en las fronteras de las alegrías y las penas, en los confines del Cielo y de la Tierra.

Entramos en las casas a bendecir a los enfermos, sumergimos a los niños en las aguas bautismales, somos el Alfa y la Omega, en los balbuceos del recién nacido y en los estertores del agonizante.

Cargamos con inmensas alegrías, con pesadísimas penas y enormes secretos… Sabemos lo que hay en las personas.

CONFESSION
Sebastien Desarmaux | Godong

Al mismo tiempo, decir que somos “como todo el mundo” es absolutamente falso. Son además palabras vanas, porque cada persona es una excepción.

No somos como todo el mundo, porque somos hombres de Dios que actuamos en la persona de Cristo, revestidos de su autoridad en la medida de nuestra obediencia.

Lo esencial de nuestra vida sigue siendo una realidad oculta, la de la oración, la del trabajo y la de la pena aceptada con amor.

No reivindiques esta “diferencia” como un derecho, asúmela como un deber. Avanza con Abraham “como si vieras lo invisible”.

ORDINATION
Philippe Lissac | Godong

Toda fecundidad se arraiga en la vida interior y, te lo aseguro, en un secreto que ya conoces: se obtiene también en el sufrimiento.

Nuestra propia lucha espiritual, los gritos de las personas, nos golpean como olas incesantes del mar.

Decía el Santo Cura de Ars que “el sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús”, que se hiere con la angustia de las personas.

Las almas nacen con dolor y en la renuncia al espíritu de posesión. Nosotros damos toda nuestra vida para hacer nacer a Dios en las almas y debemos aceptar no retener jamás para nosotros las vidas de otros.

“Tienen un solo Padre” (Mt 23,9).

Pasamos como pasa Cristo, en la libertad de un amor que se da por completo sin dejarse poseer nunca. “Esa es la alegría que me inunda. A él le toca crecer, y a mí menguar” (Jn 3,29). ¡Hermano, que tu dicha permanezca!

 

Por el padre Luc de Bellescize

 

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