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¿Los juguetes eróticos realmente mejoran la vida sexual?

COUPLE, KISS, BED
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¿Usarlos para estimular la relación sexual es una buena o una mala idea? ¿Es posible recuperar el placer de los primeros tiempos con prácticas nuevas?

Ágata y Pedro, casados desde hace 25 años, constatan un desequilibrio en sus necesidades sexuales, con un descenso del deseo en ella y algunas disfunciones en el caso de él.

De común acuerdo, deciden darle algo de picante a su vida sexual con la utilización de juguetes sexuales, esos objetos que se han vuelto tan populares, se anuncian sin tabúes y prometen unos séptimos cielos vertiginosos.

MarkinDetroit / Flickr / CC

Sin embargo, una vez amortizada la novedad, el vacío se instala, aún más incómodo, y hace decir a Ágata: “Tengo la impresión de perderme cada vez más y no sé qué hacer”.

Y todo a pesar de que la pareja se entiende muy bien y valora el estar juntos. ¿Qué pasa entonces?

Los juguetes no bastan para crear deseo

El cansancio y el estrés inherentes a la vida cotidiana contribuyen a un descenso de la vigilancia de la vida amorosa. Sin embargo, la vida amorosa es indispensable para el buen funcionamiento de las relaciones conyugales.

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Un poco de fantasía ayuda a salir de una rutina desabrida. Sin duda, esto es lo que piensan muchas personas, como Ágata y Pedro: con prácticas nuevas, la pareja encontraría seguro el placer de los primeros tiempos.

Sin embargo, han confundido excitación y deseo. 

El empleo de juguetes eróticos y otras prácticas no bastan para crear deseo, sólo excitación. Y buscar solamente la excitación sexual en sí misma cosifica el cuerpo del otro.

Tanto más cuanto que siempre será necesaria más intensidad para buscar esa mínima satisfacción que será, inevitablemente, cada vez más decepcionante.

Todo placer que no conlleve un significado espiritual (en un amplio sentido) conduce necesariamente o a una pérdida del deseo o a la dependencia.

Es el sentido que damos a los gestos lo que los humaniza. La técnica no reemplaza el don de uno mismo. Sí a la fantasía, la novedad, la sorpresa… ¡pero no cualquiera! ¡Y no en cualquier contexto!

Nuestros cuerpos entregados mutuamente pueden ser una fuente de mucho placer sin adyuvantes.

No cabe duda de que hay que atreverse a nuevas caricias, nuevas palabras, nuevos ambientes…

Atreverse a reconocer que las relaciones sexuales son buenas para el ánimo (una relación sexual gratificante para los dos cónyuges libera oxitocina, hormona que tiene un efecto tranquilizante y antidepresivo).

Atreverse a pensar que la pareja va antes que los hijos y que hay que regalarse regularmente escapadas amorosas.

Eso exige mucha convicción y una buena dosis de organización, sobre todo si la familia es numerosa. Es el precio de una complicidad redescubierta y un amor renovado, a la luz de un abandono total y recíproco.

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