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Rezar por la mañana con los hijos: trucos para lograrlo

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Oración en el cuarto de baño, «fichas de la Palabra de Dios»… ¡comienza el día con una oración matinal excelente!

 En muchas familias, el comienzo de la jornada parece una maratón con la bruma del sueño entre unos dormilones que hay que ir a despertar tres veces, el más pequeño que busca desesperadamente su segundo calcetín y el mayor que se empeña en no tomarse el desayuno.

Resumiendo, es la carrera hasta el momento en que todo el mundo echa a volar a sus ocupaciones (escuela, trabajo, guardería, canguro, etc.). ¿Dónde cabe la oración en todo esto?

Rezar por la mañana es poner a Dios en primer lugar

Tenemos conciencia de que convendría hacerle a Dios un pequeño hueco, pero no tenemos claro el cómo. Periódicamente, puede suceder que nos propongamos una buena resolución… que mantenemos con más o menos éxito.

Y nos quedamos maravillados, a la vez que desanimados, ante quienes son capaces de rezar fielmente cada mañana.

Entonces, ¿la oración de la mañana es posible solo para los madrugadores? ¿Es importante comenzar nuestros días rezando? ¡Sí, sin duda! Porque la oración es vital.

Rezar por la mañana es poner a Dios en primer lugar en nuestra jornada, porque Él tiene el primer lugar en nuestra vida. Es darle gracias por este día que se abre ante nosotros, por esta vida que nos habita.

Rezar por la mañana es también poner todo lo que vamos a vivir en manos de Dios, abandonarnos a Él con toda confianza. Es ofrecerle nuestras alegrías, penas, esfuerzos y pobrezas, y darle también su significado pleno.

Es confiarle aquellos a quienes vayamos a encontrar y pedirle por lo que nos parezca difícil o importante, ya sea una reunión profesional o un examen de mates.

En cierto modo, significa dar un pequeño golpe de timón que nos pone en el buen rumbo para toda la jornada. Que sea tan importante comenzar nuestros días rezando es posible porque Dios nunca nos pide nada que sea inaccesible.

La cuestión está en encontrar el modo de concretar esa “posibilidad”.

Desde una simple señal de la cruz a oraciones pronunciadas en el baño

Lo primero es empezar por conocerse uno mismo y conocer a los nuestros con una mirada realista.

Ser “madrugador” no es solo cuestión de voluntad, depende también del carácter, de la constitución fisiológica, de la educación y de hábitos profundamente arraigados.

Si esperamos a tener un despertar fácil para rezar, igual nos arriesgamos a esperar mucho tiempo.

Es a partir de mañana, con las nieblas del sueño, el pequeño siempre con el calcetín perdido y los mayores siempre malhumorados o con prisa, que debemos empezar a rezar… sin esperar que uno se decida a ordenar sus asuntos y que los otros tengan un despertar rápido y jovial.

No hay una manera buena de rezar por la mañana. Lo que importa es ponerse manos a la obra y ser fiel diariamente. Como siempre, más valen tres minutos de oración cotidiana que una hora mensual.

Por supuesto, depende de cada uno y de cada familia encontrar “su” solución. Hay varias ideas en este sentido que pueden tenerse en cuenta:

  • Por ejemplo, al ir a despertar a los más pequeños, trazar una pequeña cruz sobre su frente, sencillamente, o hacer con cada uno de ellos una hermosa señal de la cruz.

 

  • Dar a los de entre 8-10 años y más la idea de elaborar “fichas de la Palabra de Dios”. Se trata, simplemente, de copiar en fichas algunos pasajes de la Palabra de Dios. Estas fichas pueden estar guardadas en una cajita, un sobre, un cajón de la mesa de noche del niño… Así, es fácil, al despertarse, coger una ficha y leerla para poder luego meditar sobre esta Palabra durante la jornada. Estas fichas presentan muchas ventajas: el hecho de consultarlas anima al niño a sumergirse en la Santa Escritura, familiarizándose con los pasajes que le hablan más personalmente; luego, el hecho de copiarlos y releerlos regularmente ayuda a memorizar la Escritura y a interiorizarla; por último, una ficha se lee más rápido que el mismo versículo en un libro donde no siempre es fácil encontrarla rápidamente. Por supuesto, los niños pueden tener también sobre su mesita de noche un evangelio, un misal, una biblia,…

 

  • De la misma manera, el niño o adolescente puede reunir “fichas de oraciones” en las que copiar oraciones recogidas de aquí y de allá o con textos de su propia cosecha. En estas fichas pueden figurar también salmos, por ejemplo, el Salmo 95, que abre, cada día, la oración de la Iglesia.

 

  • Si toda la familia se reúne para desayunar, es posible dedicar dos o tres minutos a rezar juntos antes de sentarse a la mesa.

 

  • El cuarto de baño es un lugar muy frecuentado por la mañana, así que algunas familias han optado por pegar encima del lavabo una oración o un pasaje de la Santa Escritura o incluso el “santo del día”… Todo debidamente presentado para leerlo fácilmente mientras uno se afeita o se lava los dientes.

 

Pero la mejor manera de animar a los niños a rezar es comenzar nosotros mismos rezando, individualmente o en pareja. Algunos se levantan más temprano para rezar un cuarto de hora, media hora o más en el silencio de la casa todavía dormida.

La oración de la mañana es accesible a todos, con la condición de estar bien convencidos de su importancia y de no asumir resoluciones demasiado ambiciosas, que se vuelven inaplicables a largo plazo.

Como siempre, la cuestión no es hacerlo tan bien o mejor que el vecino, sino cumplir lo mejor que podamos con todo lo que nos sea posible.

 

Por Christine Ponsard

 

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