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Una oración que el personal médico puede rezar en el trabajo

COVID
theskaman306 | Shutterstock
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Auxiliares, camilleros, enfermeros, médicos, investigadores… Desde hace varios meses, todos y todas las que cuidan de los enfermos están en primera línea de una guerra contra un enemigo invisible. Para ganarla y ayudar a los enfermos a mejorar, los profesionales de la atención sanitaria tienen aquí una hermosa oración de san Juan Pablo II, que pueden hacer suya (y rezarla incluso después de la crisis sanitaria, porque por desgracia existen muchas otras enfermedades todavía en el mundo)

El 3 de octubre de 1982, durante un Congreso mundial de médicos católicos, san Juan Pablo II llamó a todos los especialistas de la medicina a tomar como “modelo supremo a Cristo, que fue médico del espíritu y con frecuencia del cuerpo de cuantos encontró por los caminos de su peregrinación terrena”.

“Os ilumine constantemente sobre la dignidad de vuestra profesión y os sugiera en toda circunstancia las actitudes y acciones que indica y exige la coherencia con la fe”, declaró el santo Papa.

18 años después, con motivo del Congreso internacional de médicos católicos, escribió una hermosa oración para que los médicos puedan rezarla en su día a día para pedir a Dios que les ayude en su trabajo.

Señor Jesús, Médico divino,

que en tu vida terrena

tuviste predilección por los que sufren

y encomendaste a tus discípulos

el ministerio de la curación,

haz que estemos siempre dispuestos

a aliviar los sufrimientos de nuestros hermanos.

 

Haz que cada uno de nosotros,

consciente de la gran misión que le ha sido confiada,

se esfuerce por ser siempre instrumento

de tu amor misericordioso en su servicio diario.

Ilumina nuestra mente.

 

Guía nuestra mano.

Haz que nuestro corazón sea atento y compasivo.

Haz que en cada paciente

sepamos descubrir los rasgos de tu rostro divino.

 

Tú, que eres el camino,

concédenos la gracia de imitarte cada día

como médicos no sólo del cuerpo

sino también de toda la persona,

ayudando a los enfermos

a recorrer con confianza su camino terreno

hasta el momento del encuentro contigo.

 

Tú, que eres la verdad,

danos sabiduría y ciencia,

para penetrar en el misterio del hombre

y de su destino trascendente,

mientras nos acercamos a él

para descubrir las causas del mal

y para encontrar los remedios oportunos.

 

Tú, que eres la vida,

concédenos anunciar y testimoniar en nuestra profesión

el «evangelio de la vida»,

comprometiéndonos a defenderla siempre,

desde la concepción hasta su término natural,

y a respetar la dignidad de todo ser humano,

especialmente de los más débiles y necesitados.

 

Señor, haznos buenos samaritanos,

dispuestos a acoger, curar y consolar

a todos aquellos con quienes nos encontramos

en nuestro trabajo.

 

A ejemplo de los médicos santos que nos han precedido,

ayúdanos a dar nuestra generosa aportación

para renovar constantemente las instituciones sanitarias.

Bendice nuestro estudio y nuestra profesión.

Ilumina nuestra investigación y nuestra enseñanza.

 

Por último, concédenos que,

habiéndote amado y servido constantemente

en nuestros hermanos enfermos,

al final de nuestra peregrinación terrena

podamos contemplar tu rostro glorioso

y experimentar el gozo del encuentro contigo,

en tu reino de alegría y paz infinita.

 

Amén.

 

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