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¿Cómo afecta la relación padre-hija en el futuro de la niña?

FATHER
Shutterstock | Evgeny Atamanenko
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La perspectiva y el apoyo de un padre son necesarios para el desarrollo intelectual, físico y social de una hija.

Querido papá, ¿Sabes que si pudieras verte a ti mismo, aunque solo fueran diez minutos, con los ojos con los que te ve tu hija, tu vida daría un vuelco? ¿Sabes que eres el centro de su vida? ¿Que ella se levanta cada mañana porque existes? Esta es la convicción de la doctora Meg Meeker, cimentada sobre más de treinta años de práctica pediátrica.

Ha visto desfilar a millares de niñas por su consultorio. Ha escuchado a las que, privadas del amor de un padre, han sufrido trastornos de conducta alimentaria, se han refugiado en relaciones sexuales precoces o han arruinado conscientemente sus estudios con la esperanza de atraer sobre sí la mirada paternal. Ha constatado también cuántas niñas esperan febrilmente la aprobación y los ánimos de su padre. Porque, aunque no dudan de la atención de su madre, la del padre no les parece tan evidente.

Ella las ha visto esforzarse más para destacar cuando tú, su padre, la miras, aprender más rápido cuando la instruyes, crecer en confianza en sí misma cuando la guías.

“Si los padres os dierais cuenta plenamente de la influencia que podéis tener sobre su vida, estaríais aterrados, abrumados, o las dos cosas a la vez”, resume la pediatra con una pizca de humor, antes de ofrecer unos valiosos consejos a los padres para establecer una relación cercana y correcta con sus hijas.

Los tiempos han cambiado, las relaciones entre padre e hija también

Meg Meeker sabe que cuan necesario es un padre en un mundo feminizado que tiene tendencia a relativizar su importancia en el seno de la familia y mantiene la confusión en torno al papel que debe tener en ella. Lo bueno es que los hombres de hoy en día quieren implicarse más que sus propios padres en la educación de sus hijos.

Un hecho que corrobora el sacerdote Alain Dumont, que ha organizado múltiples sesiones reservadas a hombres. Muchos de ellos son padres de familia. “Me piden consejos de paternidad”, señala el sacerdote.

“Noto que, desde comienzos del siglo XXI, los hombres pueden tomar un nuevo camino trazado por reflexiones recientes que han aclarado su misión. En lo que concierne más concretamente a las relaciones entre padre e hija, es evidente que han evolucionado enormemente desde la Primera Guerra Mundial. No se trata de criticar los modelos anteriores, sino de recomponerlos de nuevo en nuestra época”. Y los tiempos han cambiado.

Hoy en día, sabemos, por ejemplo, cómo de sensible es el recién nacido a la presencia de su padre. Conocemos la necesidad de aportar una mirada pacífica sobre su pasado como niño para vivir mejor su papel de padre. Preparamos a nuestras hijas tanto para ser madres como para realizar los estudios para ejercer una profesión. Vivimos en una sociedad invadida por las pantallas en la que la violencia y el sexo son omnipresentes. Las relaciones entre padre e hija deben integrar estos nuevos datos.

Preparas a tu hija para su vida de mujer

“Naciste hombre por una razón”, asegura Meg Meeker, “y tu hija necesita aquello que solo tú puedes aportarle, ni siquiera su madre”.

Cortar el cordón: Comencemos por el principio: tu primera misión consiste en despegar a tu hija de su madre para que pueda abrirse al mundo exterior.  Habitualmente se dice que la madre tranquiliza y el padre anima al descubrimiento. Fácil, tú lo haces instintivamente. Basta con verte llevar a los niños al colegio: mientras que las madres estresadas los agarran firmemente de la mano, tú los dejas brincar por la acera unos metros delante de ti.

Tu presencia a su lado va a introducir a tu hija a la diferencia. Va a descubrir al otro, en general, y a la identidad masculina en particular. A través de ti, aprende lo que es un hombre.

“Comparará a todos los hombres importantes en su vida contigo y emulará en sus relaciones con ellos en base a las que hayáis tenido los dos – advierte Meg Meeker.- Si han sido buenas, ella escogerá un hombre que la tratará bien. Si has sido abierto y cálido, ella confiará en él. Si, en cambio, has sido distante y poco afectuoso, ella tendrá dificultades para expresar su amor”.

Desde la más tierna edad, preparas como padre a tu hija para su vida de mujer y de esposa, dándole las claves para construir sus relaciones con los hombres. Por esto es tan importante la forma en que te comportas con tu esposa: tu hija no pierde detalle. Ella necesita ver que valoras y respetas a su madre. Ella debe poder extraer de ahí un modelo de relaciones armoniosas para su futura pareja.

Sea cual sea su edad, tu hija tiene una enorme necesidad de seguridad. Quiere sentir que eres fuerte, que la proteges, por eso debes plantearles límites. Dicho de otra forma: ella espera que ejerzas tu autoridad sobre ella.

“Pedir a un hombre que asuma su autoridad es difícil hoy en día porque es políticamente incorrecto. Algunos psicólogos dicen que eso asfixia al niño – lamenta Meg Meeker. – Sin embargo, tu hija reconoce en ti una autoridad que no reconoce en ninguna otra persona. Las niñas que vienen a consulta no son las que tienen un padre autoritario, sino las que tienen un padre que no se preocupa, que no discute con ellas, que no las regaña cuando toman una mala decisión”.

Transmítele confianza

El psicólogo Yves Boulvin señala que “los padres a menudo tienen miedo de ser firmes. Sin embargo, basta con ejercer la autoridad con un corazón y una mirada de amor”. Las reglas que vienen vacías, sin amor, son las que producen hijos rebeldes.

Establecer reglas es “un gran trabajo en el siglo XXI”, comenta Meg Meeker, que no duda en dar ejemplos muy precisos. “Tendrás que prohibirle ir a una fiesta donde la gente beba, decirle que se vista decentemente, comentar la música que está escuchando, recogerla a la una de la mañana en la casa de su novio y decirle que vuelva a casa”.

Un tema más delicado en el que se espera al padre: la sexualidad. “Los padres son las personas más importantes en este ámbito. Pero el padre tiene un impacto todavía más importante sobre la hija”, asegura la pediatra. “Ella escucha cada día informaciones falsas sobre sexualidad. Así que tú tienes que rectificarlas”.

Hay otra misión que también involucra al padre y no es de las menores: la transmisión de la fe. “A las hijas les encanta tener auténticos debates sobre la existencia de Dios, sobre la fe, con su padre. Y, por supuesto, es importante que ellas vean cómo los padres rezan y practican la fe”, afirma el padre Alain Dumont.

También corresponde al padre transmitir a la hija confianza en sí misma. “Un padre es un buscador de oro que dedica a su hija una mirada bondadosa y que la ayuda a identificar sus cualidades, a descubrir quién es”, explica Yves Boulvin.

A este psicólogo le sorprende la incapacidad de algunas de sus pacientes para nombrar al menos una de sus cualidades. Sin embargo, sí recuerdan las palabras de menosprecio que han recibido o la indiferencia de la que han sido víctimas. “Las palabras hirientes de un padre dejan huellas profundas y crean patitos feos que no saben que en realidad son cisnes”, advierte. Para evocar esta cuestión de la autoestima, Meg Meeker habla precisamente de humildad, en el sentido cristiano del término: evaluarse en su justa medida.

“La humildad permite a tu hija conocer su potencial, saber de dónde viene, adónde va y vivir en la realidad. Y no hay que dudar en alabar sus cualidades, su inteligencia, su actitud abierta a los demás…”.

Expresa tu amor

Por último, ¡no temas ser afectuoso y decirle a tu hija que la quieres! “Siempre pregunto a mis pacientes jóvenes ‘¿Quién te quiere?’”, cuenta Meg Meeker. “La mitad responde: ‘Mi madre y mi padre, supongo’; una cuarta parte me mira con aire interrogativo y el resto me dice ‘No lo sé’”. Tú quieres a tu hija, para ti es evidente, pero eso no significa que ella se sienta amada por ti.

“Un día, vi a una joven reclamar un ‘te quiero’ por parte de su padre”, cuenta el sacerdote Alain Dumont. “El padre, sorprendido, respondió: ‘¡Pero tú ya lo sabes!’. Y respondió su hija: ‘Sí, pero me encantaría que me lo dijeras alguna vez…’”.

El padre es una mezcla de fuerza y de ternura. “Todo un arte”, comenta Yves Boulvin. “Se ha hablado mucho de la liberación de la mujer, pero hay que hablar también de la del hombre. Hoy en día, ya no se le pide ser un guerrero, por fin puede expresar su sensibilidad, mostrar que tiene un corazón lleno de amor”.

Élisabeth Caillemer

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