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¿Tus padres tienen algo que decir cuando decides casarte?

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¿Hasta qué punto los padres tienen derecho a dar su opinión sobre la elección del futuro cónyuge de su hijo o hija?

Algunos padres temen que su hijo o hija cometa el error de su vida al casarse con una persona que, por ejemplo, consideran mala. Saben que la vida de pareja no es fácil, con mayor razón si la probabilidad de éxito es frágil desde el principio. Entonces, ¿qué hacer? Es imposible quedarse quieto cuando se está casi seguro de que un hijo va directo al fracaso.

Para empezar, una oposición formal y un rechazo flagrante del futuro yerno o nuera no parece lo apropiado (excepto, por supuesto, si hablamos de adolescentes). Si una joven o un joven muy obediente accede al deseo de los padres, es posible que añore toda su vida ese amor de juventud y se arroje de nuevo a sus brazos si sus caminos se cruzan de nuevo.

Lo más frecuente es que el rechazo, paradójicamente, refuerce el amor de la joven pareja: cuanto más subrayen los padres los límites del futuro o futura cónyuge, más lo justificará el hijo: “Está claro que no lo/la conocéis”.

Los amores más intensos de los que la Historia conserva recuerdo son los amores prohibidos: Romeo y Julieta, Eloísa y Abelardo… Los padres deben ser prudentes y cuidarse de encender con autoridad la luz roja ante la elección de su hijo o hija. Hay que evitar que se encierre en su postura precisamente porque se le contradice.

Ni luz roja ni luz verde

Tampoco es apropiado encender la luz verde con demasiada rapidez en el caso de que el yerno o la nuera complazcan enormemente: “¡Cásate con él/ella, es fantástico/a!”. Conviene evitar que, más adelante, cuando haya alguna dificultad en la pareja –y siempre la hay– el hijo pueda pensar: “Me casé porque me presionaron mis padres”. Un pretexto muy útil para justificar después un divorcio.

Por tanto, ¡ni luz roja ni luz verde! Pero quizás ¿luz ámbar? “Sospechamos que puedes tener problemas más tarde con esta persona. Pero te corresponde a ti verlo, estás en el mejor lugar para valorar si nuestros temores son justificados. Eres bastante inteligente para ver si hay fundamento en lo que percibimos. Estamos dispuestos a revisar nuestra opinión si estamos equivocados. No nos opondremos sistemáticamente a tu elección, pero confiamos en tu lucidez para estudiar nuestros temores y que el amor no sea el único criterio de tu determinación”.

Una respetuosa invitación a la reflexión quizás no siempre sea eficaz pero, al menos, liberará de culpa a los padres, que habrán hecho todo lo posible por iluminar la elección de sus hijos.

Marie-Noël Florant

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