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Cómo tomar buenas decisiones en la vida

MIESZANE UCZUCIA
Nathan Dumlao/Unsplash | CC0
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Discernir para decidir

En la vida, todos los días hay decisiones que tomar. Y en ciertos casos, no es fácil ver en seguida la dirección que tomar. Entre las decisiones que tenemos que tomar, algunas no tienen grandes consecuencias, pero otras pueden cambiar el curso de nuestra existencia y la vida de toda nuestra familia: la compra de una casa, la elección del colegio para nuestros hijos, un nuevo compromiso…

En cuanto se presenta una situación inesperada, estamos obligados a discernir, es decir, a ejercer nuestro juicio para escoger lo mejor. ¿Cómo lo hacemos?

El primer paso es saber qué podemos elegir. Nuestro corazón se divide ante las posibilidades, así que depende de nosotros limitar el número que se abre ante nosotros. A veces, es necesario pararse a formularlas para no perder el tiempo entre muchísimas opciones.

Según explica el padre Bernard Mendiboure: “Es importante plantearse la pregunta en forma de alternativa: o bien esto o bien lo otro”.

El segundo punto de atención es que, evidentemente, el discernimiento será correcto si se plantea bajo el prisma del amor.

Para eso, es crucial que Dios ilumine nuestras decisiones con su mirada paternal. Si le confías tu vida, ten todavía más confianza en los momentos decisivos de tu vida.

Para ello, averigua «cuál es Su voluntad, ya que sabemos que nos hará felices y más libres”, insiste el padre Bernard Mendiboure. Ten la certeza de que Dios nunca pide nada imposible, aunque a veces el paso sea difícil de dar.

Para que descubrir poco a poco la dirección que tomar, dedica tiempo al silencio y a la oración. Aprovecha para iluminarte con la Biblia, la palabra de Dios para “salir así de la pura subjetividad”, aconseja este sacerdote.

Así lo hizo Grégoire que, según cuenta, “el día en que decidimos prometernos nos fuimos los dos de retiro. Creo que cuando la elección a tomar es tan importante, hay que retirarse del mundo y descender hasta lo más profundo”.

Sophie, madre de familia, confiesa también que “como padres, estamos muy implicados y es difícil saber lo que es bueno para nuestros hijos. Un día comprendí que debía distinguir la voluntad de Dios de mi deseo personal y confiar en Él. Él permite algunas cosas que, finalmente, resultan ser beneficiosas”.

Después de muchas dudas, Marion y Thibault decidieron que sus hijos se fueran a estudiar a otro país. “De hecho, su elección demostró ser muy positiva y, extrañamente, nuestros vínculos se han reforzado”, confiesan los padres.

Un combate

Cuando tomamos una decisión, hemos de operar con precisión de cirujano para separar el bien del mal, para escoger los buenos motivo y ¡descartar los falsos. A veces, este ejercicio da miedo.

Pierre, ingeniero, duda sobre un puesto de trabajo que le han ofrecido. La cuestión se plantea en estos términos: ¿debe o no firmar ese contrato de trabajo? Pierre revisará lo referente a sus gustos, su carácter, sus competencias. Luego, reunirá toda la información objetiva sobre la empresa, examinará los diversos argumentos presentes, la parte de riesgo que asume, haciendo una lista de ventajas e inconvenientes para ambos casos.

Santo Tomás de Aquino nos tranquiliza al afirmar que la conciencia tiene una intuición sobre aquello que es bueno. En la oración, Pierre estará atento a lo que Ignacio de Loyola llama las mociones, es decir, las sensaciones del alma.

Algunas ideas, pensamientos o proyectos, poco ajustados, dan un placer temporal, pero seguido de tristeza. Al contrario, a veces las decisiones menos atractivas nos dan un alivio duradero.

En toda decisión es fundamental prestar atención a los hechos: “Cuando debimos marcharnos por motivos profesionales al extranjero, tuvimos en cuenta las necesidades de nuestros hijos”, cuenta Alphonse. “Convocamos un consejo familiar en el que nuestros tres hijos dieron su opinión. Rezamos, pedimos consejo a nuestros amigos y familiares, y escogimos una ciudad fronteriza con nuestro país”. Una decisión parental puede trastornar la vida de los hijos. Por eso, los padres deben estar atentos a lo que sienten sus hijos, pero sin pedirles que asuman el papel de los adultos.

En busca de luz 

Como el corazón del ser humano es complejo, como allí se mezclan sentimientos, historia personal, educación, etc., es necesario clasificar para saber cuál es la prioridad. A solas, podemos confundir nuestras ilusiones con la voluntad de Dios. Tampoco sirve de nada preguntar su opinión a todos los que nos crucemos.

“Los consejos solo se piden a uno entre mil”, decía Ben Sirá el Sabio. También es muy importante dialogar con nuestra pareja antes de decidir.  Paola pide consejo a su marido para conocer su opinión, pero también consulta a dos o tres amigos: “A las personas que valoro, cuya opinión es valiosa para mí debido a su coherencia de vida”.

El tiempo también es necesario. La Tradición nos dice que, si Dios nos llama, insiste en el tiempo, que Su invitación no es fugitiva. “Las cosas se descubren con el tiempo”, señala Agnès, madre de cinco hijos. “No podemos tomar una decisión en un pispás. El tiempo permite comunicarse de verdad, incluir al Señor en el asunto y mantenernos lejos de las sensaciones superficiales”.

Cuando, después de tres hijos, Véronique abordó con su marido la posibilidad de un cuarto, recibió un no categórico. “A Philippe le paralizaba el aspecto financiero. Al cabo de dos años de recorrido, por fin nos pusimos de acuerdo”.

La decisión

Luego viene el momento de la decisión. A menudo, cuando hemos hecho esta labor de discernimiento, incluso de distanciamiento en relación a nuestros sueños, una certidumbre serena emerge y se impone. Agnès y Vianney discuten sobre los temas pero, para ciertos ámbitos, es uno de los dos el que termina resolviendo. 

“Ejercer el discernimiento determina el paso a la edad adulta”, remarca Agnès. “Es útil saber por qué se toma una decisión y qué frutos esperar de ella”.

El discernimiento es una escuela de libertad. “Al administrar este combate del discernimiento en todo lo que sentimos dividido en nosotros”, precisa el padre Bernard Mendiboure, “al salir de nosotros mismos, encontramos nuestra libertad espiritual”.

Los frutos de un buen discernimiento los cita san Pablo (Ga 5): “Amor, alegría y paz”. “Estos signos son mucho más que un alivio temporal. Una buena elección extiende sus frutos a largo plazo”, concluye el padre Bernard Mendiboure.

Florence Brière-Loth

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