Aleteia

¿Y si te convirtieras en el poeta de tu vida?

Poetry, Woman, Home, Reading, Lockdown
© Vadim Georgiev
Comparte

¿Quieres vivir feliz? ¡Pon poesía en tu vida!

La poesía sienta bien y ayuda a vivir mejor. Entre rimas, versos, ritmos, prosas, juegos de palabras y metáforas, templa el espíritu, transforma a la persona profundamente, la ayuda a reinventarse y a atravesar los momentos difíciles de la vida. Un sencillo método al alcance de todo el mundo para convertirse en poeta de su propia vida.

¿Declamar versos al despertarse? ¿Dejar deambular la imaginación, divertirse con las palabras? ¿Leer poesía y, por qué no, escribirla? Es lo que propone Jacques de Coulon, escritor, profesor de filosofía y apasionado de la poesía desde la infancia. “Practicar poesía es dejar que la vida nos habite”, asegura. Y asumir el riesgo de ser transformados profundamente.

Vivir cada instante de la vida con poesía

El lenguaje es “la casa del ser”, decía el filósofo Martin Heidegger. Según él, las palabras (y las relaciones entre las palabras) constituyen los ladrillos de nuestro ser.  Pensamos con las palabras. Así, cuanto más rico sea nuestro lenguaje, más personalidad podemos desarrollar.

“Sin embargo, ¿no es la poesía la punta de lanza de la lengua? Por sus sonoridades, sus ritmos y sus imágenes, expresa el estado más consumado de la casa del ser. El ser humano se construye a través de la poesía. Se reconstruye a través de la poesía. Las palabras bien escogidas curan los males.

Cada alma, según Platón, es y se convierte en aquello que mira y siente. Construirse es también ser capaz de reinar sobre nuestras percepciones y pensamientos. Escogiendo juiciosamente el contenido de esos pensamientos”, explica Jacques de Coulon.

Sin embargo, ¿cómo hacerlo concretamente? Que no cunda el pánico, tranquiliza Jacques de Coulon. Su método está al alcance de todos, no hay necesidad de ser un as de la rima. Basta con recordar algunas poesías y, en función de las circunstancias de la vida, las recitamos en voz alta.

¿Te da un bajón? Invoca a Rimbaud: “Mi alma eterna, / cumple tu voto / pese a la noche sola / y al día en llamas”.

¿Ganas de escapar? Que pase Baudelaire: “Mira en esos canales / Dormir los barcos / Cuyo humor es vagabundo; /Es para saciar / Tu menor deseo / Que vienen desde el cabo del mundo”.

Otra opción, para los menos literarios: cultivar su “mirada poética”, una especie de radar interior que accionar en cualquier momento. Es esencial para no dejar que se instalen los hábitos. Algunos ejemplos fáciles de aplicar: detenerse algunos instantes en la jornada para caminar sin rumbo, contemplar el cielo, escuchar el trino de los pájaros…

Mucho mejor si te sientes como un niño de parvulario, ese es el objetivo. ¡Viva la “poesía terapéutica” que nos devuelve a la infancia!  Pero conservando toda nuestra madurez de adulto.

La poesía conduce a Dios

Otra precisión: no se trata de subordinar la poesía a la “reina de la psicología que gobierna tanto sobre las mentes como sobre las revistas”. ¡No! Se trata simplemente de bajarla de cierto pedestal para tutearla en nuestra vida ordinaria. Aunque los ejercicios poéticos necesitan, a pesar de todo, un poco de esfuerzo (¡el hemisferio izquierdo del cerebro, dedicado al dominio de la razón, del concepto y del cálculo se resiste!), los beneficios son espectaculares.

El cuerpo empieza a respirar mejor, el estrés disminuye, las inquietudes son menos invasivas. “Muchos bloqueos aparecen porque queremos abordar la poesía desde lo mental, intentando comprenderla. Antes hay que volver al cuerpo, a la sensación, a lo concreto”.

La poesía vendría entonces a apoderarse de nosotros en la totalidad de nuestro ser, cuerpo y alma. Pero para guiarnos, en última instancia, hacia las realidades más altas. “La oración es a Dios lo que la poesía es al mundo”, afirma sin duda el filósofo poeta.

“En la oración, me dirijo a lo Eterno. En la poesía, presto atención al mundo y le hablo como si se tratara de una persona viva. En el creyente, esto coincide. La poesía conduce a Dios y viceversa. Además, ¿algunos de los más grandes santos no eran también grandes poetas, como san Juan de la Cruz y san Francisco de Asís?”. ¡Con este espíritu anima Jacques de Coulon a las familias a introducirse en el mundo de la poesía!

Diane Gautret

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.