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Tras el confinamiento, ¿cómo conservar el rumbo espiritual?

DOCTOR, MASK, PRAYING,
FamVeld | Shutterstock
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Si ahora la espiritualidad forma más parte de tu estilo de vida, piensa en cómo conservarla cuando termine la pandemia

Nunca habíamos podido profundizar tanto en nuestra fe y en nuestra relación con Dios como durante el confinamiento. Nos sentimos como impulsados por un fuego. Pero cuidado, hay que vigilarlo, porque con el desconfinamiento corre peligro de debilitarse…

La crisis sanitaria está lejos de terminar, pero ya hay muchos que piensan en el día después del covid-19. La vuelta al trabajo, a las escuelas, el reencuentro con familiares y amigos… Y ¿qué hay de la fe? La llama y el ardor de la oración que impulsan todos los días a muchas personas durante el confinamiento, ¿brillarán tan intensamente después del desconfinamiento? 

Si has tomado la decisión de mantener vivo este fuego, hay que definir los medios para lograrlo.

El deseo de cultivar nuestra intimidad con el Señor y de perseverar en nuestra vida cristiana implica inevitablemente cierto combate espiritual. Este camino precisa tenacidad y confianza.

“Nuestro Señor está ahí, entre los pucheros, nos ayuda en el interior y en el exterior”, decía Santa Teresa de Jesús. Estamos seguros de que “Dios es fiel, y él no permitirá que sean tentados más allá de sus fuerzas. Al contrario, en el momento de la tentación, les dará el medio de librarse de ella, y los ayudará a soportarla” (1 Co 10,13). Esa es nuestra esperanza, que llama a la vigilancia constante.

La clave está en rectificar nuestros pensamientos a la luz de la fe, ordenar nuestras emociones por la fuerza de la caridad que nos impulsa interiormente, exponer nuestro sufrimiento a la esperanza que nos sostiene y nos hace avanzar.

En cuanto a los medios pueden ser numerosos: la palabra de Dios y la vida de los santos, la oración, la ascesis, así como una sólida formación catequética, el conocimiento del misterio de Dios alimentando el amor.

Los medios previstos deben ser realistas, es decir, adaptados a tus circunstancias vitales. Y para que no se trate solo de resoluciones piadosas, es esencial fijar prioridades en el empleo del tiempo.

También puedes valorar la importancia de unirte a una comunidad porque un cristiano solo es un cristiano en peligro.

Un último consejo: en la vida cotidiana, no dudar en lanzar gritos del corazón al Señor, así como actos de amor, de esperanza y de fe: “¡María, dame tu delicadeza!”, “¡Jesús, gracias por amarme!”,

Un jefe de empresa adquirió el hábito de decir, cada vez que cruzaba una puerta: “Jesús, gracias por estar conmigo, ¡pasa primero!”. ¡Depende de ti encontrar la manera de recordar Su Presencia en tu día a día!

Nicolas Buttet

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