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¿Tus hijos se insultan entre ellos?

dispute frères et soeurs ; enfants
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Prueba esto si estás cansado de ver a tus hijos pelearse todo el día

Entre hermanos, los niños pueden tratarse con muy poca delicadezas. Aunque para ellos es normal y es solamente una forma de hablar, los efectos negativos de esta guerra de trincheras son bien reales. Aquí ofrecemos un método para remediar esas disputas y evitar las profundas heridas que pueden causar las peleas entre hermanos.

Las malas palabras entre hermanos y hermanas pueden generar grandes dolores en el alma. Al hacerse bromas, se comparan y muestran una agresividad pasajera o unos celos más profundos. Las palabras degradantes vuelan y sirven de desfogue a quienes las profieren. “¡Eres tonto!”, ¡“Qué fea eres!”, “¡Eres inútil!”…

Todos son ataques bastante insignificantes, pero cuando se repiten día sí y día también, terminan por minar la confianza, resquebrajar la relación, herir el corazón. Los hermanos a veces son crueles pero, sobre todo, los niños no entienden las consecuencias de sus actos.

Peleas que hacen daño

En esta guerra cotidiana, no hay vencedores ni perdedores. Resulta imposible decir quién ha empezado, porque los roles se invierten a menudo. La única constante de este mal juego viene del hecho de que siempre hay uno para el que las cosas tienen una mayor resonancia debido a su sensibilidad pasajera o estructural.

Cuando se sistematizan, esas riñas esporádicas pueden llevar a ahondar las brechas. A veces hay agujeros de obús que permanecen en forma de cicatriz.

Las disputas cotidianas terminan por hacer daño. Un día, habrá que explicar que ya es suficiente. Las palabras pueden matar o simplemente minar, destruir o incluso debilitar. Para invertir la trayectoria, será necesario interrumpirla bruscamente con una palabra fuerte que vaya dirigida a todos y que sea capaz de dar otra dirección.

Reconocer las cualidades del otro

Una conversación cara a cara con el que insulta –y que también a veces es insultado– podría consistir también en invitarle a elevar el nivel de debate pero sobre todo a vivir más en profundidad. Todos coinciden rápidamente en que estas guerras de trinchera son extenuantes y que cada granada arrojada solamente tienen un efecto de alivio provisional.

Y hay que repetir explícitamente y firmemente: “¡No, no eres tonto, inútil o fea!”. Porque, a fuerza de escucharlo, algunos se convencen de ello.

Así que, es importante pedir a cada uno, no necesariamente uno enfrente del otro y al menos en presencia del adulto, que diga cuáles son las cualidades de ese enemigo/rival del día a día. Luego, será el adulto quien diga a cada uno las cualidades que quizás les avergüence demasiado decir.

Tranquilizarles sobre sus talentos es tanto un refuerzo como, como consecuencia, una comparación menos malsana si se ha tenido el cuidado de precisar que no nos criamos juntos para ser parecidos. Una práctica que hacer y repetir cotidianamente con los niños.

Vincent de Mello

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