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Cuaresma: Sacrificarse sin perder la alegría

Mark Nazh | Shutterstock
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Hacer penitencia no significa necesariamente privarse y tener un mal aspecto. La alegría y el amor pueden caracterizar este comportamiento tan beneficioso para el cuerpo y la mente.

¿Hasta qué punto en Cuaresma debemos privarnos de lo que nos gusta o sacrificarnos?

En Cuaresma tenemos la oportunidad perfecta para poner en orden nuestra vida en aspectos que tal vez perjudican a nuestra familia. Tal vez podemos reducir nuestro consumo de tabaco, smartphone, PlayStation, horas de trabajo, si es posible…). ¿Por qué no decidir también consumir menos, o navegar menos en las redes sociales?  Tal vez, por amor a una madre, a tu pareja o a tu hermano te plantees romper una relación sin futuro o perjudicial para tu familia.

Es importante identificar no lo que ya no podemos hacer, sino lo que podemos mejorar y con un motivo concreto, por amor de Dios. 

¿Hasta qué punto podemos eliminar la Nutella, los jarabes y otros manjares si todo el mundo se queja? Hay que elegir conjuntamente al alimento al cual vamos a renuncia: la abstinencia es menos heroica – cada persona es libre de hacer más – pero une a la comunidad, invitándola a hacer un esfuerzo conjunto.

También tienes que saber cómo disminuir la presión… Las restricciones familiares imponen un sentido común desactivador: si con el estómago vacío te enfadas y te falta energía, es probablemente mejor comer un bocadillo para poder evitar los gritos y la agresividad.

¿La oración no «funciona»? La fórmula debe ser revisada y adaptada escuchando e implicando a los demás.

 Los pequeñas propósitos nos permiten experimentar, a través de nuestras dificultades, ser pobres ante Dios, a entender que todo viene de Él. Y si nos equivacamos, si no los cumplimos, puedes por ejemplo orar por la tarde y en decirle al Señor, «Perdón, Señor porque esta mañana te dije que no».

Yolande Bésida

 

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