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El sufrimiento de los niños ante la enfermedad de un hermano

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La grave enfermedad de un niño conmociona a toda la familia, especialmente cuando se sabe que no habrá cura. En el corazón de este drama familiar, los hermanos y hermanas, que están entre los primeros afectados, a menudo se sienten excluidos. ¡Cuidado! Este sentimiento de exclusión puede crear muchas heridas y tensiones en un hogar.

Las primeras preguntas que surgen cuando una grave enfermedad afecta a un niño son las siguientes:

  • ¿Deberíamos contarles la verdad?
  • ¿Primero al niño enfermo y luego a sus hermanos y hermanas?

Los médicos animan a los padres a decirles la verdad, adaptando el mensaje a la edad de cada niño.

En la familia de Elisabeth y Christian, los seis hermanos de Cécile tenían entre 19 y 2 años cuando ella se puso enferma.  «Siempre les dijimos la verdad a los tres grandes, que tenían 19, 18 y 16 años en aquel momento. Cuando no había esperanza de salvar a Cecile, se lo dijimos. A los pequeños también les explicamos la gravedad de la enfermedad pero no con las mismas palabras», explica Christian. Su segunda hija, Hélène, añade: «Es mejor saber. Si nos dejan fuera, inmediatamente piensas que no confían en nosotros. Tienes una intuición y te imaginas muchas cosas.»

Liliane, la madre de Audrey, añade: «Decir la verdad: sí, pero siempre con esperanza. Cuando nuestra hija mayor, Aline (9 años), nos preguntó si creíamos en la curación de Audrey, dijimos que sí porque como cristianos creemos en los milagros y vivimos en la esperanza».

Una tercera persona puede muy bien intervenir para informar a los niños, un médico o alguien en quien los niños tengan gran confianza. Jérôme y Liliane encomendaron este papel a un sacerdote. «Es muy cercano a nuestra familia y fue él quien habló con los dos mayores sobre la gravedad de la enfermedad».

En cuanto a Emeric y Gwen, el hermano mayor de Marie y su hermana, de 10 y 8 años respectivamente, sus padres les hablaron mucho sobre la enfermedad de su hermana pero sin decir nunca que iba a morir.

¿Olvidados?

El período de la enfermedad es un momento muy doloroso y difícil para los hermanos y hermanas: sus padres están tristes, preocupados, no están disponibles, pasan su tiempo en el hospital, los propios niños están sufriendo. Una atmósfera pesada invade la casa. Nadie se atreve a hablar demasiado y todos se quedan con sus preguntas. ¿Cómo evitar que los niños se sientan abandonados?

La ausencia de uno de los padres, a menudo es la madre la que se queda en el hospital cerca del niño enfermo, es muy perturbadora para los otros niños. Luego le corresponde al otro padre compensar, y para ello debe iniciar un diálogo con los hijos, con mucha disponibilidad y escucha.

Una noche, en la oración, durante la enfermedad de María, Gwen y Emeric explotaron: «Sólo os interesa un hijo, los otros dos, ¡no os importan!» El padre entonces sacó su Biblia y les leyó el Evangelio de la oveja perdida: cuando una está enferma, el pastor lo deja todo por ella (Lc 15, 4-6). Los niños se tranquilizaron mucho con esta lectura.

La vida continúa, y a veces es difícil para los niños no culparse por reír y divertirse. Thomas que tiene 17 años, admite que se sentía culpable porque seguía con su vida cuando su hermana pequeña, Cecile, estaba en el hospital sufriendo.

Algunos niños, incluso muy pequeños, están resentidos con el enfermo que se lleva todo el afecto de sus padres. Un sentimiento que responde a la necesidad natural de todo niño de contar con la presencia de sus padres.

Debemos hacer todo lo posible para que se sientan menos culpables. Algún tiempo después de la muerte de su hermana, Gwen pudo confesar, «Cuando pienso que a veces casi quería que mi hermana muriera y se acabara todo esto...». Su madre respondió: «Yo también. Fue muy duro para ella y para nosotros.»

Cada hermano debe ser responsabilizado e implicado de alguna manera en el cuidado del paciente. «Estuve enfermo y me visitasteis» (Mt 25, 36). De esta manera, esta difícil prueba será vivida por todos los miembros de la familia, sin excluir a nadie.

Florence Brière-Loth

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