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«¡Nunca ves lo que hago por ti!» 

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Con frecuencia, muchos cónyuges hacen este reproche. Sin embargo, cuesta poco acabar con los pequeños rencores que existen en la pareja.

Nunca se insistirá lo suficiente en lo frustrante que es ver que un esfuerzo que uno ha hecho no es tenido en cuenta en absoluto por el cónyuge.

  • «¿No ves que me he organizado para llegar a casa 15 minutos antes?»
  • «¿No ves que he limpiado?»
  • «¿No te has dado cuenta de que te he dejado descansar y cuidé de los niños?».

La respuesta de la persona acusada de no ver nunca los esfuerzos de la otra persona es con frecuencia: «Sí, lo veo. Simplemente no te he dicho nada. Nada más».

Es precisamente ahí donde está el problema. Verlo no es suficiente. Es crucial comentarlo.

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Amar es ver

Si nos dimos cuenta del gesto del cónyuge sin haberle dado las gracias, ¿no es porque no nos dimos cuenta suficientemente de lo importante que era este gesto para él o ella?

Con el riesgo de que el otro llegue a preguntarse rápidamente: «¿Me ama realmente? ¡Es tan ciego a mis atenciones y esfuerzos! «. Esta falta de reconocimiento puede ser sentida, interpretada, como una falta de amor. Cuando amamos de verdad, ¿no tenemos ojos para descifrar el significado de los gestos del amado?

Imaginemos una situación puramente imaginaria:

Un hombre, a su muerte, está a la entrada del paraíso ante San Pedro, quien le señala que a menudo ha descuidado las necesidades de su familia.

El hombre protesta: «Créeme, querido San Pedro, siempre he satisfecho todas las peticiones razonables de mis familiares. Si no, la única explicación es que no me hubiera dado cuenta de lo que querían».

«Precisamente es de esto de lo que se le acusa – responde inmediatamente San Pedro-. Es que no lo viste. ¡Amar es ver!»

Sí, de verdad, amar es ver. Es maravillarse por el otro cada día. Abramos bien los ojos de nuestro corazón. Seamos hiper atentos a las atenciones de nuestro cónyuge. Y agradezcámosle sus gestos de amor.

Una buena oportunidad, por cierto, para agradecer al Señor, que está ciertamente en el origen de estas pequeñas pero maravillosas atenciones.

Denis Sonet

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