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Un poco de picante para combatir la rutina en el matrimonio

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La rutina es algo común a todas las parejas y suele establecerse sin avisar. Aunque proporcione cierto bienestar en la vida diaria, a veces también puede ser el enemigo de la pareja. La monotonía, los silencios, las vidas paralelas son enemigos del amor. ¡Reacciona!   

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Hoy en día, lo que aparenta ser un “déjà vu” hace que la gente huya, incluso en la vida de matrimonio. Para muchos, la rutina es el callejón sin salida que lleva a la separación.

La rutina se establece y un día surge una triste impresión: todo ha sido igual durante años.Uno de los cónyuges se aburre, dice Sophie Passot, consejera matrimonial y familiar, casada y con cuatro hijos. Cada vez más, por la noche, cada uno va por su lado, él frente a su computadora, ella frente a su móvil. El silencio se establece “.

Es un signo del deterioro del vínculo matrimonial. La brecha se amplía hasta el punto de vivir de forma paralela, sin ningún deseo de “intimidad emocional”. Es hora de volver atrás en el tiempo. Empezamos a lamentar lo que podría haber sido. Pero, ¿cómo caen en la tibieza estas parejas que se casaron con entusiasmo?

El psicólogo Gary Chapman lo llama el otoño: “Al principio de esta temporada”, escribe en ‘Las estaciones del matrimonio’, “la unión tiene buena pinta, pero por dentro la situación cambia, y cuando los vientos fríos empiezan a soplar, el deterioro se hace evidente”.

La rutina puede llegar muy rápido, a pesar de que sea más frecuente en las parejas de cuarenta años. Se instala subrepticiamente, sin avisar. Para romper esta rutina, primero hay que saber cómo reconocer los signos de angustia de la otra persona y también los de uno mismo.

UNHAPPY COUPLE
Nd3000 I Shutterstock

Localizar los signos de desgaste

Cuando los tiempos comunes se hacen menos frecuentes, cuando el diálogo se empobrece, ambos cónyuges corren el riesgo de convertirse en dos compañeros de piso.

En el fondo, cada uno de ellos culpa al otro por esta distancia y espera, más o menos pacientemente, a que él o ella cambie. Unos pocos signos pueden alertar.

Después de un cierto tiempo de convivencia, ya no nos cuidamos tanto y controlamos menos nuestras reacciones. El beso de la mañana o de la noche se vuelve más mecánico.

Perdemos las pequeñas delicadezas cotidianas, esperar al otro para empezar a comer, hacerle tal o cual favor, hacerle preguntas sobre su día. Pero no es porque la pasión haya sido fuerte al principio que uno está exento de alimentar el fuego, como si el amor fuera un derecho. La relación marital se cultiva.

Tal vez en la raíz encontremos egoísmo. Al principio los dos amantes estaban dispuestos a hacer cualquier cosa para complacerse mutuamente. ¿Qué ha pasado?

Los esposos “ya no son sensibles a los puntos que tienen en común, sino a sus diferencias. Ya no escuchan lo que los une, sino lo que los separa. El egoísmo ha reemplazado al amor”, analiza Gary Chapman en Pareja y Cómplices

Antes de que los indicadores se vuelvan rojos, hay que estar alerta. ¿Cómo lo hago? Hay muchas soluciones, y todo puede volver a ser como era en los primeros días, ¡o incluso mejor!

Apuesta pues por cambiar de actitud y pon en práctica los consejos que contrarás en esta galería para reavivar vuestro amor. Porque queda mucho por vivir y disfrutar en pareja. Y ahora más que nunca, pues dada la esperanza de vida, vuestro matrimonio puede durar más de 70 años.

Alimentar el fuego del amor

Antes de recurrir a los grandes remedios, es posible agregarle sabor y creatividad a la vida de pareja.

“Es hora de aprovechar ese espíritu de la infancia, esa alegría que teníamos cuando estábamos novios”, aconseja Sophie Passot.

No hay que dudar en introducir cambios: cambio de estilo, de ropa, comprar una lencería coqueta… Todo esto para seducir al otro y renovar vuestro matrimonio.

Es necesario esforzarse por mantenerse atractivos el uno para el otro. Bénédicte y Joseph, seis hijos y 22 años de matrimonio, son unánimes: “También es importante renovar, de vez en cuando, el marco de tu amor. A veces nos vamos juntos los fines de semana sin niños. Esto introduce un poco de encanto”.

Sophie Passot lo señala: “Las parejas también necesitan inventar su liturgia con tiempos ordinarios y otros más extraordinarios.”

También es bueno soñar juntos, proyectarnos en el futuro, “un día compraremos una gran casa, un día daremos la vuelta al mundo”.

Sophie Passot afirma: “Tener proyectos, no necesariamente realistas, mantiene la complicidad. Puedes preparar un viaje, una fiesta que planeas con mucha antelación y que da arraigo a la pareja. Hablamos de ello antes, durante y después”.

La fantasía no es suficiente. Para reavivar la llama, es necesario profundizar en la relación.

¿Qué sentido tiene viajar a los confines del mundo si a la vuelta se reanuda la rutina como antes, sin que haya habido un encuentro profundo?

La pareja necesita prestar atención al otro. Si los cónyuges no se toman el tiempo de mirarse, no ocurre nada. Encontrarnos de nuevo requiere un verdadero cambio con respecto a la primera persona que Dios nos ha confiado, nuestro marido o mujer.

“Un matrimonio feliz es una larga conversación que siempre resulta muy corta”, escribió el novelista francés André Maurois.

Los cónyuges nunca se hablan lo suficiente. ¿Pero de qué hay que hablar? De cualquier cosa y todo, se podría responder. Pero eso no es suficiente, porque lo que a menudo falta es compartir las emociones.

Podemos hablar de cómo vivimos el día a día, pero no sólo de los hechos, sino también de las repercusiones que ejercieron sobre nosotros. Cuando se trata de una emoción importante, a algunas personas les gusta hacerlo por escrito, con pequeñas palabras, a través mensajes enviados gracias al Smartphone. Cada uno ha de encontrar el medio por el que se sienta más cómodo.

Incluso antes de que la rutina se imponga, toca cambiar nuestra vida en común, lo que implica también el uso de las palabras. Este es el momento de recapitular, de hacer un balance de los cimientos de nuestra relación.

 Es un buen momento para hacerse preguntas:

  • ¿Qué pasó con los objetivos que nos propusimos?
  • ¿Dónde estamos ahora?
  • ¿Qué estamos haciendo cada uno para salir de esta rutina?
  • ¿Qué nos separa: móvil, trabajo, videojuegos, aficiones…?
  • ¿Cuándo dedicamos tiempo al otro?

Agradecer

Para el terapeuta Salomon Nasielski, “la gratitud es el fertilizante de la pareja”. Es una forma maravillosa de intensificar el vínculo y así revitalizarlo. Agradecer y expresar precisamente el motivo.  Por los años ya pasados juntos, pero también por todo lo que hace el otro, que aunque parezca un derecho y es más bien un regalo.

Tampoco debemos descuidar el perdón. Cuando uno de los cónyuges presenta una disculpa al otro, las defensas del que otorga el perdón se desvanecen y los cónyuges pueden volver a hablarse.

“No es negando nuestros fracasos que alcanzaremos la intimidad, sino admitiéndolos inmediatamente y pidiendo perdón”, dice Gary Chapman, que cree también que cuanto más cerca estén los cónyuges de Dios, más profunda será la intimidad.

Adéline y Pierre lo atestiguan: “La ayuda más fuerte y fructífera es la espiritual”. Suaviza lo rígido, irriga lo seco y calienta lo frío. El Espíritu Santo es el interlocutor ideal para la pareja atrapada en la rutina. Depende de la pareja rezarle con confianza para que pueda dar las soluciones correctas. El Veni Sancte Spiritus puede convertirse entonces en una oración conyugal.

Florence Brière-Loth

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