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11 actitudes para acabar con las peleas entre hermanos

Children - Brother - Sister - Fight
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Portazos, insultos que estallan… ¿Tus hijos se pelean todo el tiempo? Adopta estos consejos para no pasar tu tiempo gritando y castigándolos constantemente

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Esta atmósfera eléctrica, a veces sobreexcitada, es una constante en muchos hogares.

  • «¡Eres un estúpido!»
  • «¡Mamá, me está molestando!»
  • «Voy a contarle todo a papá. Eres malo».
  • «¡Es él el que ha empezado!»

Si las peleas de tus hijos te llevan a veces o a menudo al límite, estos consejos podrán ayudarte a gestionar mejor estos conflictos (y a preservar tus nervios).

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¿Por qué no bajas la voz?

¿Los niños están gritando como locos? Por muy tentador que sea, no respondas a la ira con ira. Esa sería la mejor manera de estresar a todos. En cambio, adopta un tono más bajo pero firme.

¡Crea una diversión!

¿Hay riesgo de incendio? Apuesta por una diversión. Deprisa. Salid de casa. «¡Venga, vamos todos a dar un paseo!». O al súper, a montar en bici… Lo que sea con tal de tranquilizar el ambiente. 

Si la salida familiar no es posible, las actividades manuales pueden salvarte. Tal vez podéis preparar una bonita decoración para la próxima fiesta o reuniros mayores y pequeños y apostar por un juego de mesa que entretienen a todos.

Combatir la ira

Puños apretados, ojos saltones… ¡la pelea está a punto de estallar! Primero, respira profundamente y trata de establecer una tregua antes del espectáculo final de disparos. Lo mejor es que todos se retiren a descansar en sus propios refugios.

Para ayudar a tus hijos a calmar sus nervios, ¿por qué no invertir en un saco de boxeo, o incluso fabricarlo?

Los niños turbulentos y nerviosos también se calmarán con la presencia de animales.

 Otra idea es hacer que jóvenes y mayores por igual llenen un «libro de la ira» en el que expresen sus sentimientos.

Cuando la tormenta haya pasado, es posible hablar juntos sobre lo que pasó.

Finalmente, la oración es el mejor alivio para el estrés. Curiosamente, es cuando estamos más tensos y cansados que elegimos acortarla, posponerla. ¿Y si nos tomáramos el tiempo para hacer exactamente lo contrario?

Cuanto más agobiados estemos, más tiempo tendremos que dedicar a desahogarnos de nuestras preocupaciones ante (y en) Dios.

Adaptarse a cada hijo

«Amense los unos a los otros, como yo los he amado» (Jn 15:12).

Nuestras reacciones a los acontecimientos son tan variadas que a veces es difícil comprender, o incluso soportar, los que «funcionan» de manera diferente. Y aún así debemos intentarlo.

Nunca olvides que los niños viven en el presente, nosotros no. Cuando tienen un deseo, lo manifiestan inmediatamente y con todas sus cuerdas vocales. Recuerda que el peso de los caracteres y los temperamentos no son los mismos para todos. Después de un contratiempo, por ejemplo, los temperamentos primarios se lo olvidan rápidamente, mientras que los temperamentos secundarios van a reflexionar mucho sobre ello.

¿Estáis cansados?

La fatiga no contribuye a mantener un buen clima familiar. Agota nuestras reservas de paciencia y es un depósito de dinamita. ¡Es fácil encender la mecha!

Entonces, debemos asegurarnos de que todos hayan dormido bien.Quizás uno de los niños necesita relajarse más que sus hermanos y hermanas. ¿Y qué tal tú? ¿Necesitas un respiro? Si sientes que tu cansancio sube, sal fuera, toma un poco de aire.

¡Una pizca de dulzura y carcajadas!

No dudes en añadir un poco de dulzura a la vida cotidiana de tu familia. Y no te olvides de reír. Nunca se ríe lo suficiente. Al actuar sobre los músculos y la respiración, la risa tiene un efecto relajante.

Es bueno apostar por la espontaneidad de los hijos. ¿Y si les propones un concurso de chistes o de teatro de humor improvisado? ¡Un tema, dos o tres accesorios y listo! Y no olvides inmortalizar estos momentos tomando fotos.

¡Muévete, haz ejercicio!

La actividad física frecuente mejora las funciones cardíacas y respiratorias, y combate el estrés y la tensión nerviosa. El deporte también proporciona una saludable fatiga.

Ofreciendo a tus hijos una actividad deportiva, evitará el exceso de excitación en casa. ¡Es mejor sufrir algunos dolores que las contusiones de las peleas domésticas!

Un poco de música

Algunas músicas tienen efectos tranquilizadores, en particular los movimientos lentos del barroco (Corelli, Vivaldi, Bach), clásico (Mozart, Haydn, Beethoven), romántico (Schumann, Brahms, Chopin, Liszt) o el canto gregoriano. ¿Por qué no poner música de vez en cuando para calmar la tensión?

Buena organización

Nada mejor que una prisa mal controlada para crear una atmósfera eléctrica. A veces basta con hacer sonar el despertador (un poco) antes que la «tribu» para prepararse y tomar un desayuno tranquilo juntos. Si todo ha sido preparado la noche anterior (mochilas, bocadillos, ropa a pie de cama…), estará más disponible para permitir a todos empezar el día con serenidad.

No más gritos que molestan a todo el mundo. «No tiene sentido correr, tienes que arrancar en el momento adecuado». Aplica la misma regla a las comidas: si se toman tarde, el hambre y el cansancio sólo pueden multiplicar las ocasiones de irritación y mal humor.

Desdramatizar

Discutir no está exento de virtudes. Una pelea familiar no tiene por qué ser mala.

Una buena pelea a veces puede incluso aclarar las cosas. Da a todos la oportunidad de expresar sus quejas en lugar de dejar que se agraven, siempre que puedan comunicarse con inteligencia y amor para resolver problemas que a menudo son el resultado de malentendidos sin sentido.

Y luego, lleva a la inevitable fricción de los caracteres. Y lleva a contener el egoísmo, la susceptibilidad y la impaciencia.

¡El perdón!

El perdón es el mejor regalo después de una discusión. A pesar de nuestra buena voluntad, nunca podemos evitar completamente las discusiones. Sólo Dios puede consolarnos de las decepciones que generan.

Sin embargo, ofrecen la oportunidad de cuestionarnos y, si es necesario, reconocer nuestros errores. Después de las lágrimas y los llantos vienen las excusas. Es importante hacer que los niños descubran el poder del perdón.

Valérie Fourtané

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