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Cuando no te llevas bien con tu cuñado

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Problemas en las relaciones con la familia política. Primero solemos pensar la suegra con la nuera o el suegro con el yerno, pero la tensión también puede surgir entre cuñados. Veamos si podemos aliviarla. 

«Yo te recibo como esposo». Al pronunciar esta pequeña frase el día de la boda durante el intercambio de consentimientos aceptamos a nuestro cónyuge tal como es, incluida su familia.

Tu esposa/o es hijo/a de sus padres, un lazo fundamental de su identidad. También tiene hermanos y hermanas, personas que no podemos ignorar si realmente amamos a nuestro/a esposo/a.

Sin embargo, hay quienes excusan su reticencia a relacionarse con hermanos o suegro con un argumento: «Me casé contigo, no me casé con tu familia». Esto es cierto en el sentido de que el vínculo conyugal ha de ser más fuerte que los vínculos de sangre, pero es falso si se pretende así relativizar lazos familiares al considerarlos externos e incluso ajenos al amor conyugal.

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Dream Perfection | Shutterstock

Un amigo dado por la naturaleza

Un cuñado o una cuñada son amigos dados por la naturaleza y por la elección del cónyuge.

La llegada de un cuñado o cuñada a una familia trae un poco de aire fresco que puede renovar las relaciones fraternas, liberar tensiones y crear oportunidades beneficiosas para todos.

Por otro lado, conocer y apreciar a los hermanos y hermanas del cónyuge significa aprender a amarlo mejor:

  • Escucharás cómo evocan recuerdos de la infancia
  • Descubrirás complicidades que existen con uno u otro de sus hermanos
  • Conocerás el rol que cada uno adopta en la familia

A menudo, también se forman amistades entre los «políticos» que encuentran cierta complicidad entre ellos precisamente por no compartir los lazos de sangre que comparten sus cónyuges.

¿Pero de dónde vienen estas tensiones?

Cuando nos casamos, nada es igual que antes: las relaciones con los hermanos y hermanas, así como con los amigos, cambian inevitablemente.

Esto no siempre es fácil de aceptar, incluso, y sobre todo, entre hermanos y hermanas que han sido muy cercanos. Si algunas madres son posesivas, también ocurre con algunas hermanas (o hermanos), a quienes les cuesta aceptar que una «extraña» (o extraño) ocupe el primer lugar en el corazón de su hermano (o hermana).

A veces surgen celos al ver a un recién llegado conquistar el afecto de sus propios padres. No es de extrañar que las relaciones entre cuñados sean difíciles. La vida familiar nunca es fácil. ¡Es tan viejo como el pecado original!

Además, no hay que olvidar que todo matrimonio se enfrenta a dos mundos extraños: incluso cuando las familias de ambos cónyuges son lo suficientemente cercanas en cuanto a educación, gustos y convicciones, es necesario que ambas partes asimilen hábitos, tradiciones, formas de mostrar afecto o expresar su desacuerdo. Esto requiere tiempo y, sobre todo, mucha atención y respeto recíproco.

Unas cuantas reglas de oro pueden facilitar las cosas

Bondad

Si estás seguro de que quieres crear problemas en tu familia, asegúrate de calumniar con la mayor frecuencia y habilidad posible. El diablo se encarga de garantizar el resultado.

Discreción

No es fácil de gestionar, porque a veces existe una fina línea entre el justo respeto a la privacidad de cada persona y el excesivo silencio, interpretado como disimulación o desinterés.

Humildad y buen humor

Una buena dosis de humildad y humor es suficiente para restar importancia a lo que no vale la pena (es decir, el 99% de las peleas familiares).

Perdón

Tampoco debemos olvidar el perdón, sin el cual no hay amor fraterno.

Conocer los propios límites

 Y por último, no se debe intentar hacer más de lo que uno se siente capaz: ¡uno puede amar a sus cuñados y hermanas, y no ser capaz de pasar diez días de vacaciones en la misma casa!

Christine Ponsard

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