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¿Y si le das un poco más de vida a tu oración de la noche?

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Por la noche, recitando tus oraciones, no sientes casi nada… ¿Repites las mismas palabras sin pensar en su significado? ¡Quizás sea hora de dar a su oración un toque de novedad!

Todos soñamos con hacer de nuestro día una ofrenda de oración, una vida de amor con nuestro Dios, de acuerdo con una oración continua siempre perseguida, nunca alcanzada.

Por la noche, agobiados por el cansancio después de un día sin descanso, apenas nos quedan unos minutos en el borde de la cama antes de dormir.

La oración de la noche es la oración de la última hora del día, de los últimos cinco minutos, del último suspiro. A menudo se presenta como un rosario que nunca termina, o como la recitación de unas pocas oraciones, siempre las mismas, que son hermosas pero que sufren el desgaste del tiempo.

Todo esto es mejor que no hacer ninguna oración, pero el alma pide a gritos su alimento. ¿Cómo podemos darle un poco de vida?

Encontrar un buen momento antes de la hora de acostarse

La oración es vida sólo si es diaria. No se puede renunciar a ella con el pretexto de la mediocridad y la repetición. Es mejor fortalecer y relanzar: ser siempre es mejor que no ser.

En primer lugar, es necesario buscar el momento adecuado. La noche no siempre es lo mejor. Es el momento programado cuando no se puede hacer nada más.

¿No habría un mejor momento, como por ejemplo entre dos actividades? Por ejemplo, entre después de la cena y el comienzo de la noche, o de camino a casa después del trabajo. Depende de cada uno de nosotros encontrar ese momento, debe existir uno.

Lo importante es que este sea un momento de calidad. ¿Por qué darle a Dios los restos del día? La intimidad a la que nos invita merece algo mejor.

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Digitalskillet | Shutterstock

El momento de calidad debe, por lo tanto, ser tomado del resto. Quizás no sea lo más adecuado rezar con el móvil en la mano, dale a nuestro Señor la atención que requiere. Hay una cortesía de la amistad.

Renovar la oración de la noche

El amor ama la sorpresa. La alternancia de un autor espiritual, un Evangelio, un oficio contribuye a ello. ¿Por qué añadir aburrimiento al esfuerzo? La penitencia no es necesaria.

La oración está destinada a nutrir e incluso a complacer. Puedes comprar un Libro de las Horas o suscribirte a la revista mensual Magnificat, y rezar a cualquier hora del día el Oficio de la Iglesia.

Rezar el Oficio, solo o con otras personas, permite nutrirse de la Escritura, y ampliar el corazón a las dimensiones de la Iglesia. Las palabras de Dios son mejores que ciertos exámenes de conciencia, que son poco más que una sesión de introspección. ¡No está prohibido convertir los pijamas en vestidos litúrgicos!

Por Fray Thierry-Dominique Humbrech

 

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