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Descubre una buena forma de ayudar a un ser querido en apuros

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By Photographee.eu | SHUTTERSTOCK
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¡Qué impotentes nos sentimos ante las malas noticias sobre nuestros seres queridos! ¿Cuántas veces te has preguntado qué puedes hacer para ayudarles a sentirse mejor?

Mirando la Escritura, quedamos atrapados por la brecha entre la pequeñez y la simplicidad de los medios que Dios usa y el despliegue de su amor.

Cuando Abraham interviene con Yahvhe, en una oración audaz, invocando la posible presencia de 50 y luego 10 justos en la ciudad de Sodoma, obtiene que Lot se salve (Gen 19).

Cuando Israel sale a combatir a los amalecitas, Moisés sube a la cima del monte y allí, cuando levanta las manos en un gesto de oración, su pueblo se impone (Ex 17).

En el Evangelio, ¿cómo no mencionar los cinco panes y los dos peces que eran totalmente insignificantes para alimentar a la multitud y, sin embargo, fueron suficientes para que Jesús satisficiera a la gente que le seguía (Jn 6)?

Cuando Jesús se le aparece a Sor Faustina, le pide la reproducción de una imagen, confiándole: «Presento a los hombres un medio por el cual deben venir a recoger gracias de la fuente de la Misericordia. Esto significa que es esta imagen con la inscripción «¡Jesús, confío en ti!«.

A través de estas pocas menciones, vemos cómo Dios no cesa de intervenir en la historia del hombre para darle valor, fortalecerlo en su caminar, mostrarle su cercanía, decirle su amor, responder a su oración.

Elige hombres y mujeres humildes que ponen su confianza en Él y se satisfacen con los pequeños medios a su disposición: oración de intercesión, rosario, novena, peregrinación…

El Señor escucha a los humildes

PRAYING
ChristianChan | Shutterstock

Por tanto, aunque parezca algo irrisorio ante los desastres que todos los días se nos presentan, respondamos con generosidad a las invitaciones de la Iglesia a orar por el mundo, por la paz, por la unidad, y a las sugerencias del Espíritu en lo secreto de nuestros corazones.

Permanezcamos en la confianza, fieles a nuestra oración, imploremos la gracia que Dios nunca deja de querer derramar sobre la humanidad.

Ofrezcamos lo que estamos viviendo y estemos seguros de que Dios escuchará nuestras llamadas, «porque el Señor escucha a los pobres y no desprecia a sus cautivos» (Salmo 69).

«La oración y el sacrificio son armas invencibles», dijo santa Teresa. Mantengamos bien presentes las palabras de Jesús: «Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Utilicemos, pues, nuestros pequeños medios para participar activamente en la venida del Reino.

Por Rolande Faure

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