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Ser testigo de boda, una misión para toda la vida

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Más allá del día de la boda, ser elegido como testigo de boda es un privilegio que implica la presencia y rezar regularmente por la pareja.

El derecho canónico asigna al testigo de boda una función estrictamente administrativa. El testigo es el que atestigua con su firma en el registro parroquial que los cónyuges han intercambiado su consentimiento.

Más allá de eso, muchos se conforman con una función simpática y un tanto obligatoria, limitada a la boda:

  • preparación para la despedida de soltero o soltera,
  • lectura de un texto o de la oración universal durante la ceremonia,
  • discursos durante la celebración de la boda

Sin embargo, el papel del testigo de la boda también puede tener una mayor importancia, para ayudar a la pareja y que puede beneficiar a los propios testigos.

La selección de testigos, una cuestión de afecto

A menudo se elige a un hermano o hermana como testigo debido a su evidente cercanía. Luego los amigos: en una época en la que la gente se casa cada vez más tarde, la red de amistad juega un papel esencial durante los años de juventud, llegando a ser una especie de «familia de transición». Una vez llegada la etapa del matrimonio, se da la oportunidad de sellar la fidelidad con esta marca de confianza. «Es un compromiso mutuo para continuar la amistad, aunque sea de una manera diferente», dice un recién casado.

Los afectos a veces hacen laboriosa la selección: ¿cómo no ofender a uno u otro de sus familiares? De ahí, muy a menudo, una cierta profusión de testigos: ya no es raro que haya siete u ocho.

En cualquier caso, es importante que el «casting» de los testigos sea muy libre: nadie está obligado a elegir a tal o cual persona que presentó al cónyuge en una fiesta, ni tampoco la persona que demostró querer ser testigo desde el anuncio del compromiso.

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Un papel de apoyo y recordatorio de compromiso

En la Iglesia, el testigo es objeto de una atención cada vez mayor, aunque, en el fondo, la ampliación de su papel no tiene una base canónica. En representación de la comunidad, el testigo es un signo de que el matrimonio tiene una dimensión eclesial, de que este «don mutuo» es también «un don para la Iglesia» (uno no se casa por sí mismo). El testigo – especialmente si es soltero – es un beneficiario privilegiado de esta gracia del compromiso.

Además, cuando tantas familias se están separando, son buenos todos los métodos para promover matrimonios robustos.

Algunos sacerdotes toman el tiempo para conocer a los testigos en una cena, o simplemente durante la mañana antes de la boda.

Otros tratan de implicarlos en la preparación espiritual del matrimonio.

Algunos incluso piden a los testigos que escriban una carta explicando por qué han aceptado este papel, es decir, por qué apoyan este casamiento.

Un testimonio que puede ayudar también al sacerdote en su preparación, especialmente en los casos difíciles: el punto de vista de terceros permite objetivar una situación y, si es necesario, favorecer la ruptura del compromiso.

Los testigos tienen el papel de apoyar y recordar a la pareja su compromiso a lo largo de sus vidas.

Una misión que requiere ser franco desde el momento del compromiso: «Un amigo me pidió que fuera su testigo de boda, dice Gilles. Pero tenía la sensación de que su pareja iba a fracasar. Así que le dije mis reservas. No se puede ser testigo a cualquier precio: ¡a veces significa arriesgarse en la amistad

Los testigos pueden ser confrontados con casos reales de conciencia: «Los novios de cuya fui testigo vivieron juntos siete meses antes de la boda», dice Matthieu. «Decepcionado, le pregunté a la novia sobre las razones de esta decisión. No cambió nada, y yo seguí siendo testigo. Pero dije lo que pensaba, y nuestra relación es más profunda. «

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Un «compañero» de la pareja casada

Después del matrimonio, algunos no dudan en aportar una visión externa acerca de la evolución de la pareja. «El testigo debe tener la libertad de decir las cosas, pero sin interferir en la pareja», dice Guillaume, que ha sido testigo de boda seis veces en un matrimonio religioso.

«Los amigos casados tendían a aislarse. Hablé con ellos sobre eso. Se quedaron atónitos en aquel momento. Pero un poco más tarde, me llamaron para decirme que les había ayudado.» ¿No es el valor de la verdad un signo de verdadera amistad?

Frente a las turbulencias y rachas de la vida conyugal, el testigo puede sentirse llamado a estar atento y sobre todo a rezar por la pareja. Como amigo privilegiado, el testigo está dispuesto a prestar ayuda en caso de necesidad, en la medida en que la proximidad geográfica lo permita, por supuesto.

«Cuando siento que una de las parejas de las que soy testigo está un poco más débil o cansada, me ofrezco para cuidar un día de los niños. Entonces pueden tomarse un tiempo juntos», dice Hélène.

Por último, más allá de escuchar y dar consejos, los testigos y los novios suelen vivir una larga convivencia, cada uno según su disponibilidad e imaginación: los novios invitando a sus testigos a cenar, los testigos felicitando el aniversario de boda, por ejemplo.

«El testigo participa en las alegrías y los sufrimientos de la pareja», resume Guillaume. «Es una especie de hermano espiritual». No hay obligación, por supuesto. Pero tal vez haya oportunidades que deban ser aprovechadas.

Cyril Douillet

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