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¿Tienen los abuelos voz y voto en la educación de sus nietos?

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Martin Novak - Shutterstock
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Los abuelos a menudo juegan un papel importante en la vida de sus nietos. Pero, ¿cuál debería ser su papel exactamente? ¿Deben dar consejos educativos a sus hijos o simplemente cuidar de sus nietos sin decir nada?

¡Qué afortunados son los nietos de ver a sus abuelos con regularidad! Los abuelos a menudo juegan un papel importante en la vida de sus nietos. Pero, ¿cuál debería ser su papel exactamente? ¿Deben dar consejos educativos a sus hijos o simplemente cuidar de sus nietos sin decir nada?

Muchos abuelos no tienen esta alegría, ya sea por la distancia o por una mala relación con los padres. Para muchos abuelos ser privados de las visitas de sus nietos les supone un gran sufrimiento.

Por otra parte, los abuelos perciben los problemas que pueden surgir casa de sus hijos: problemas de pareja, con algún nieto, con su educación.  Algunos piensan que la educación que están dando a sus nietos deja mucho que desear y que, sobre todo, no se han transmitido los valores esenciales. Y muchos se preguntan qué se debe hacer para suplir lo que se considera una carencia educativa. La respuesta a estas preguntas depende de la naturaleza de la relación entre los abuelos y los padres.

Cuidado con lo que dices

Si la relación entre los abuelos y los padres es excelente y los padres piden ayuda a los abuelos seguramente su opinión sobre la educación de los niños será bien recibida, siempre y cuando se haga sin juzgar y, si es necesario, con un toque de humor.  Estos consejos no parecerán intrusivos si, desde el principio de la vida de la pareja, los futuros abuelos han dejado claro que no tienen intención de interferir en las decisiones de sus hijos. En este caso, a menudo sucede que los niños, sintiéndose respetados, vienen espontáneamente a pedir consejo.

Pero si la relación es difícil o incluso negativa, cualquier consejo podría ser inoportuno y por lo tanto totalmente ineficaz. Solo se podrá hacer en respuesta a petición de los hijos o en casos excepcionales (peligro físico o moral para los nietos). En cualquier caso, es necesario evitar pronunciar todas esas pequeñas frases asesinas que envenenan la relación:

  • «¡Tus hijos son tan maleducados!»
  • «¿Dejas que tus hijos hagan lo que quieran y te sorprende que no obedezcan? «
  • «¡Cómo le dejas salir hasta esas horas!!

Ser positivos

Por el contrario, conviene destacar los aspectos positivos de la educación de los padres, ya que en la gran mayoría de los casos, aunque se cometan errores (¿quién no los comete?), los padres transmiten valores que a menudo son los mismos que se les han enseñado. Esta actitud de respeto es especialmente necesaria en el ámbito de la fe. Si los nietos no están bautizados, o al menos no han sido criados en esos valores cristianos que dieron sentido a tu vida, debes respetar las elecciones de los hijos y hablar con ellos de ellas.

Hay que saber ser paciente, no «pasar por encima» de la gracia, y no olvidar que la vida de los abuelos, en la medida en que se vive en la alegría, es para los nietos un ejemplo infinitamente más llamativo que todos los grandes discursos. Por lo tanto, es apropiado orar y esperar, aceptando lo inesperado de Dios.

Dar el ejemplo

Los abuelos tienen un papel importante con sus nietos. Por lo tanto, deben tener cuidado de no criticar el comportamiento de los padres: hablar mal de los padres a un niño es hablar mal de sus raíces, y por lo tanto de una parte de sí mismo. Sin embargo, pueden explicar, si no justificar, las actitudes de los padres – especialmente cuando son elegidos como confidentes por adolescentes que se alegran de encontrar una escucha atenta y comprensiva. Por otro lado, cuando los nietos vienen a casa de sus abuelos, éstos tienen derecho a pedirles que se comporten de acuerdo a sus costumbres (sin hacer sentir nunca que esto está en contradicción con la educación dada por los padres).

Los abuelos no son rectificadores de la educación impartida por los padres, pero con el simple hecho de dar ejemplo de una vida cristiana feliz y digna, pueden ser una ayuda para que los padres tengan éxito en esta educación que exige tanta habilidad, atención y amor en un mundo tan poco propicio.

Denis Sonet

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