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¿Por qué mi hijo utiliza el automóvil como «confesionario»?

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© oscarhdez
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¿Has notado alguna vez que los viajes en auto con niños son a menudo momentos de intimidad muy especiales? ¡Cuántas cosas puedes decir durante un viaje! Estamos muy cerca el uno del otro, pero no nos vemos. Y si el pasajero se sienta atrás, cualquier auto puede convertirse en un confesionario…

Cuando voy en automóvil con mi hijo, puede suceder que escuche una voz un poco estrangulada que diga en un tono ligero: «Por cierto, los 10 euros que buscabas, creo que los cogí yo». ¿Se me habría hecho esta difícil confesión cara a cara en casa, mirándome a los ojos?

Iniciar una conversación en el auto parece más fácil que en cualquier otro lugar, y si el pez no muerde el anzuelo, es fácil dejar la conversación, porque cualquier incidente en el camino te permite cambiar de tema sin tener que buscar excusas.

Además, en las familias numerosas, en las que no es fácil que un niño se encuentre a solas con su padre o su madre para una conversación que no sea escuchada ni interrumpida, este tipo de viaje supone un momento ideal para ello.

El arte de iniciar un diálogo sincero con tu hijo

Los niños que hablan poco no son siempre los que no necesitan expresarse, al contrario. En realidad, quieren ser escuchados y entendidos. Quieren intercambiar sentimientos e ideas. Suelen ser también los que más necesitan un tiempo exclusivo de calidad.

Por eso, en un grupo, a menudo son silenciosos, a veces cerrados, e incluso ligeramente agresivos. Estos niños necesitan estos viajes en auto más que los demás. Se sienten, durante unos preciosos minutos, y de forma natural, el centro de atención de los intereses de sus padres. Por eso es muy importante saber aprovechar estos momentos.

Pero hay que saber cómo acercarse a ellos sin herirles, es importante hacer preguntas, pero no es menos necesario aceptar silencios y respuestas reticentes, porque los niños «cerrados», deseosos tanto de compartir su riqueza interior como de protegerla, se rebelan contra la indiscreción, de la misma manera que se congelan ante la indiferencia. Pero una vez que han ganado confianza, pueden hablar con mucha ingenuidad.

¡Una oración al arrancar el coche!

A veces el trabajo de acercamiento es tan difícil que tienes que pedirle ayuda al Espíritu Santo:

« Flecte quod est rigidum »… ablanda en mí y en este niño lo que nos rigidiza el uno frente al otro.

« Fove quod est frigidum »… calienta en mí y en este niño la ternura que nos permitirá entendernos.

« Sana quod est saucium »… cura en este niño las heridas que yo y otros hemos podido infligirle sin querer…

¡Es una oración para decir al arrancar el coche!

Marie-Madeleine Martinie

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