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Cómo comprender y superar la infidelidad

Wedding engagement ring - Woman
© Fizkes
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Nadie está a salvo de la infidelidad. ¿Cómo evitarlo? Y si el adulterio ha ocurrido, ¿cómo reconstruir la relación?

¿Cuáles son las principales causas del adulterio?

Padre Denis Sonet: el orgullo, en primer lugar. Confías demasiado en ti: «A mí no me va a pasar». Entonces nos volvemos imprudentes, jugamos con fuego: «Me gustaría saber si con este tipo de personas, todavía podría tener mi pequeño éxito… de todos modos, ¡me detendré a tiempo!». También estamos seguros del otro: «Mi esposa es cristiana… No puede engañarme.» Entonces podemos permitirnos abandonarla un poco, descuidarla, o incluso empujarla a los brazos de amigos que creemos que son de confianza.

¿Eso significa que debe desconfiar de sí mismo, de su esposa, de todos?

No, pero hay que tener cuidado. La pareja lleva su amor en un frágil jarrón. Todas las parejas han sido -o serán- tentadas por el adulterio. Es importante saberlo. Y nadie está a salvo. Así que, sobre todo, no juzguemos demasiado rápido a los que están atrapados… El adulterio clásico nace a menudo del descuido o de la curiosidad estúpida: «Siempre he sido fiel a mi mujer, pero una vez, solo una vez, un pequeño fallo en el contrato, podría resucitar el amor… Lo leí en un libro. Y a continuación veo que no soy indiferente a mi secretaria y si tengo cuidado, no creo que nadie me sorprenda…». Al día siguiente, el hombre que pensó que se estaba saliendo con la suya, ve a su secretaria haciéndole grandes declaraciones: «¿Cuándo nos volveremos a ver la próxima vez? ¿Me amas? ¿Sólo querías tener sexo conmigo? No eres nada más que un miserable…». Avergonzado y sin querer parecer un miserable, el hombre piensa que podría aceptar una o dos veces volver a verla y que podría dejarla después. Y así es como se cierra la trampa. Está atrapado, embarcado, esposado a una aventura que al principio no quería, o literalmente embrujado por una pasión que ya no controla.

Tendería a decir a los que son tentados por el adulterio: «Pensad bien, es posible que os metáis en un callejón sin salida. ¡Ya es bastante complicado con una sola persona!». Muchos hombres podrían decir, llamando a un consejero matrimonial: «Las cosas no iban bien con mi esposa, entonces me aconsejaron que tuviera una amante. Y ahora estoy muy fastidiado: mi amante me advirtió que si me quedaba con mi esposa, ella se suicidaría; y mi esposa me dijo lo mismo. De todos modos, tengo un cadáver del cual deshacerme. ¿Dígame cuál es?».

«Las cosas no iban bien con mi esposa» ¿Acaso la mayoría de los adúlteros empiezan de esta manera?

Sí, una de las causas fundamentales del adulterio es la insatisfacción. No olvidemos que llevamos desde la infancia un maravilloso deseo de fusión con una persona que nos pertenezca totalmente, una persona que, al igual que nuestra madre, nos ame totalmente, que, al igual que ella, sea ideal… Ya que ese deseo de conocer a una persona perfecta será inevitablemente decepcionado, hay una fuerte tentación de pensar que con otra persona sería mejor. La imaginación reavivará el viejo sueño e idealizará de antemano cualquier posible acercamiento. A la persona recién llegada se le reconocerán todas las cualidades, y nos implicaremos fuera de nuestra pareja con falsas esperanzas.

En cuanto uno de los dos cónyuges se siente frustrado en su relación, ya sea a nivel del cuerpo («No hay entendimiento sexual»), a nivel del corazón («Él o ella nunca muestra cariño»), o a nivel de la mente («Con ella no puedo hablar»), él o ella inconscientemente -o a veces muy conscientemente- quiere conocer a quien le dará lo que no le da su pareja.

Es importante expresar claramente al otro el deseo que ha quedado insatisfecho dentro de nuestro ser, ya que es esencial estar muy atento a las demandas e insatisfacciones del otro. La comunicación en la pareja es la mejor manera de «quitar el suelo bajo los pies» a la tentación. Cuando no funciona, es posible que uno de los cónyuges se encariñe con un tercero con el que puede «hablar», intercambiar confidencias…

El adulterio provoca una profunda herida al cónyuge engañado. ¿Se puede arreglar lo que se ha hecho?

En primer lugar, creo que el que ha sido infiel debe decirle absolutamente a su cónyuge que sabe que le hizo sufrir mucho… No será «absuelto» hasta que se tenga en cuenta el sufrimiento causado. Al principio, también debe aceptar el incomprensión del otro. No debe huir de las explicaciones que su esposa se empeña en pedir: «¿Por qué me has hecho esto? ¿Cómo te decepcioné? ¿Qué es lo que no funcionaba entre nosotros?». Debe entonces asegurarse de que da todas las pruebas de su ruptura definitiva, debe ser muy transparente a propósito de sus actividades para que la otra persona pueda recuperar la confianza, sabiendo que esta confianza no volverá de inmediato. Entonces será posible pedir perdón, sin justificarse, simplemente, humildemente.

Y el que ha sido engañado, ¿cómo debe comportarse?

¡Debe evitar de juzgar el otro demasiado rápido! La fragilidad humana existe. No se trata de avalar, sino de comprender. Debe estar pensando que si estuviera en la misma situación, usted también podría haberle fallado. También debe ser consciente del esfuerzo que hace el cónyuge que acepta una ruptura para ser fiel a su compromiso conyugal, sin decir con excesiva soltura: «Al fin y al cabo, solo ha cumplido con su deber». Debe tener cuidado de no hacerle pagar el precio del inmenso daño que ha sufrido, evitar hacerle sentir culpable y preguntarse qué debe cambiar en su propio comportamiento para que su cónyuge pueda encontrar en él todo lo que buscaba en una otra persona.

¿Podemos recuperarnos después de un adulterio?

Algunas parejas que han cometido errores, a veces durante mucho tiempo, al borde del colapso total, logran volver a encontrarse uno al otro. Una «turbulencia» puede ser utilizada positivamente para el futuro. Un adulterio superado permite a menudo que una pareja empiece de nuevo con otras bases y, en cualquier caso, le permite acabar con la mediocridad que quizás explicaba el adulterio.

Padre Denis Sonet

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