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¿Cómo ayudar a su hijo a superar el miedo al fracaso? 

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Todos los niños a veces tienen miedo al fracaso. Pero ¿qué hacer si ese miedo conduce a pensamientos negativos y a un estrés constante?  

Cuántos niños -¡y adultos!- están paralizados por el miedo de hacer lo equivocado, el terror de cometer errores o fracasar. Sin embargo, como bien sabemos, es inevitable enfrentarse a fracasos, derrotas de todo tipo, desde la primera caída del niño que aprende a caminar hasta la aparente derrota de la muerte, pasando por los malos resultados escolares, las penas de amor o las dificultades profesionales. ¿Cómo podemos ayudar al niño a hacer de cada fracaso una oportunidad de victoria? ¿Cómo podemos liberarlo del miedo al fracaso?

Cultivar la firmeza de la voluntad en el niño 

En primer lugar, evitemos la tentación de protegerlo lo máximo posible de eventuales fracasos. Por una parte, es dar un paso hacia atrás y eso no ayuda al niño, ya que en cualquier momento se va a encontrar ante sus límites. Por otro lado, y este es el punto esencial, la única manera de liberarse del miedo a un obstáculo es aprender a enfrentarlo cara a cara.

Enfrentarse a un obstáculo requiere dos condiciones: la voluntad y la capacidad de superarlo. Es decir, para superar el miedo al fracaso, primero hay que quererlo. El valor no consiste en no tener miedo, sino en liberarse del miedo mediante un acto de voluntad. Una de las principales misiones de los padres es hacer que el niño descubra el extraordinario poder de su voluntad: «Si quieres, puedes hacer mucho más de lo que piensas.» Ante el fracaso, o puedo renunciar o también puedo querer hacer de este fracaso una oportunidad de vencer el miedo y la timidez. Pero la pregunta es: «¿Acaso lo quiero realmente?». Nadie puede responder a esa pregunta por mí, aunque sólo tenga siete u ocho años.

La voluntad puede hacer mucho, pero no puede hacerlo todo. Por eso, el famoso «si quieres, puedes» debe manejarse con mucho cuidado. Un niño puede superar su miedo al fracaso solo si está suficientemente bien seguro. Cuanto más sepa el niño que es amado sin reservas, más tranquilo podrá enfrentarse a todo tipo de derrotas. Porque muy a menudo el miedo al fracaso viene de lo que el niño se dice a sí mismo, consciente o inconscientemente: «Si no tengo éxito, perderé el amor y la confianza de mis padres, de mis maestros, etc.»

El niño necesita ser apoyado continuamente

El miedo al fracaso también está relacionado con el hecho de que el niño (y esto también es cierto para los adultos) no sabe relativizar su derrota. Piensa que todo su ser se encuentra en un estado de inferioridad: «No lo he conseguido, por lo tanto soy una persona incapaz.» Los padres deben mostrarle que su vida no se derrumba porque haya fracasado, que su vida y su persona no son un fracaso. La única forma de demostrar esto al niño es animándolo en cada victoria. El fracaso es agobiante si nunca se está en posición de tener un éxito. A veces es suficiente tener un comienzo de éxito muy pequeño, si se destaca lo suficiente. 

Confiado y tranquilo, el niño podrá ir más allá y descubrir que, resucitados con Cristo, estamos definitivamente del lado del vencedor. Porque Cristo ha resucitado de entre los muertos, aquí en la tierra ningún fracaso es definitivo o realmente grave. Cristo es definitiva y totalmente victorioso sobre todo mal. Nuestras derrotas son, pues, sólo aparentes y temporales, ya que es con Él con quien las vivimos, «muriendo como Él para resucitar con Él».

Christine Ponsard 

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