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“Yo te saludo María”, una historia de amor (Un HermosoTestimonio)

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Hace muchos años leí una historia que me dejó reflexionando, en el amor de nuestra madre celestial, la santísima Virgen María.

Se cuenta de san Bernardo un enamorado y gran devoto de la Virgen le gustaba saludarla todos los días. Cuando caminaba por un pasillo del monasterio se encontraba con una imagen bella que representaba a la Virgen.

”Yo te saludo María”, le decía con una leve inclinación y un gesto de saludo.

Así ocurrió por un tiempo, hasta que un día, al pasar la imagen cobró vida y respondió:

“Yo te saludo Bernardo”.

Los santos han sido grandes devotos de la Virgen María. Saben que es un camino seguro de salvación el que ella nos muestra.

Se dice que fue la santísima Virgen María quien los ayudó a recorrer ese camino para encontrar la santidad y los llevó de la mano hacia su hijo Jesús.

Ayer me encontré con un sacerdote y le saludé diciendo:

“Te saluda un hijo de la Inmaculada”.

Soy un gran devoto de la Virgen. Pero no soy santo. Le pido que interceda por mí ante su hijo.

Toda mi vida he experimentado su protección maternal. Creo que es ella quien le dice a su hijo Jesús:

“Mira a Claudio, otra vez ha caído, ¿podrías ayudarlo dándole las gracias que necesita?”

Jesús seguro responderá:

“¿Otra vez?”

Ella lo mira lo con ternura y Él responde:

“Lo que me pidas Madre”.

Y es que siendo un pecador, necesito toda la ayuda posible para encaminar mis pasos hacia la santidad. No una santidad que me destaque, sino una que me ayudé a ser un santo anónimo, de esos que sólo Dios sabe y se complace en ellos.

Alguno podrá decirme que la Virgen no hace milagros, y es cierto. Jesús los hace. Pero es la madre de Jesús y un hijo siempre escucha y hace caso a su mamá. No olvides que el primer milagro público de Jesús lo hizo a petición de la Virgen María.

«Tres días más tarde se celebraba una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. También fue invitado Jesús a la boda con sus discípulos. Sucedió que se terminó el vino preparado para la boda, y se quedaron sin vino. Entonces la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino.» Jesús le respondió: «Mujer, ¿por qué te metes en mis asuntos? Aún no ha llegado mi hora.» Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan lo que él les diga.»»  (Jn 2, 1-4)

Soy feliz sabiendo que es “ES MI MADRE”.

Siempre la honraré, defenderé, rezaré el Rosario que tanto le agrada y le pediré su santa y maternal bendición.

 

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