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Visiten a Jesús en los Sagrarios. Él me sacó de una vida de miserias y renovó mi vida. (Un Testimonio impactante)

Ana Vallejos
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La vida no es como quisiéramos. Cuesta. Duele. Y aun así tenemos la voluntad y grandeza para seguir adelante.

Y, ¿cuando nos faltan las fuerzas? Recuerda esta maravillosa promesa de amor.

“Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”. (Mt 11, 28-29)

“Buen Jesús me abandono en tu amor. No me dejes que sin ti nada soy”.

Entre los cientos de testimonios maravillosos llegados de todo el mundo uno detuvo mi vista impresionado. Es algo en lo que nunca antes reflexioné. Jesús que sana y cura nuestras heridas más profundas. Se los comparto.

“Hola Claudio. Sabes, hace unos años yo sentía lo mismo por el Santísimo. En el 2012 y el 2013 visité a diario el Santísimo. Había días que no tenía mayor cosa que decir pero me alegraba mucho poder estar frente a Él.

Me causa una gran alegría poder visitarlo. 

En una ocasión recuerdo que salí del trabajo estaba muy cansado y dije que ese día pasaría ante el sagrario. Pero no lo hice. Cuando estaba a punto de entrar a mi casa una voz en mi cabeza me dijo:

«¿Por qué no fuiste hoy, te estuve esperando?”.

 Me sentí tan miserable en ese momento que sin pensarlo regresé a la iglesia. Lloré tanto, porque comprendí que Él me estaba esperando ilusionado.

Años después viaje a los Estados Unidos por el famoso sueño americano. Cuando estuve ahí, iba con mucha frecuencia ante el Santísimo, pero un 8 de octubre de ese año me sentí incrédulo de la presencia real de Jesucristo en la Eucarística.

Revisando las redes sociales, me encuentro con un video del Dr.  Ricardo Castañón Gómez, donde él da las pruebas científicas de hostias que exudan sangre, y me quedé frío cuando vi esos videos. Lloré como nunca preguntándome cómo pude yo dudar de Jesucristo. Desde ese entonces mi amor y mi fe se hicieron más grandes.

En el 2015, en mi comunidad, busqué una hora en la capilla de Adoración Perpetua. Ahí Jesús me tocó y me hizo ver que no llevaba una vida digna. Él me ayudó a salir de la pornografía que fue un mal que viví por más de 13 años, la lujuria y todo lo relacionado a ese terrible pecado.

Lo visitaba cada madrugada y le pedía que me sanara. Un día, no fui, me quedé dormido, pero cuando desperté en mi cabeza estaba el nombre del padre Miguel Ángel Fuentes, un sacerdote que tiene mucho material para vencer ese vicio. Pasaron los meses y a través de las predicas de Fray Nelson Medina, me convencí que debía servir a Dios con rectitud y el alma pura.

Busqué un sacerdote, me confesé y le dije mi deseo de servir en la iglesia. Le dije que quería renovar mi vida, servir a Dios, ser lector o Ministro Extraordinario de la comunión.

 En ese momento con bondad me dijo que era bienvenido al grupo de los ministros. Tomé mis clases de formación y fui consagrado como Ministro Extraordinario de la Comunión. Cuando llevo a Jesús a mis hermanos enfermos en los hospitales, soy inmensamente feliz porque lo llevo tan cerca de mí, que lo puedo abrazar, acariciar.

Qué regalo tan grande he recibido.

Desde el sagrario Jesús sanó mis heridas.

Ahora vivo en gracia, alejado de los antiguos vicios que ofenden tan profundamente a Dios.  Me he dejado llevar por su Amor.  Y soy feliz.

Las gracias recibidas después de cada visita a Jesús en el sagrario, son muchísimas y cada vez hay más.

Es algo tan grande lo que el Señor me ha dado, que jamás tendré suficientes palabras para agradecer.

Con escribirte estas líneas mi corazón se acelera, porque me causa mucha felicidad, poder expresar lo que Jesús ha hecho en mi vida.

Con ternura me acogió y me sacó de esa miseria. Él me liberó, rompió las cadenas que me sujetaban al pecado y cada día soy más feliz.»

 

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Te invitamos a conocer la página de nuestro autor Claudio de Castro donde podrás leer sobre su vida y aventuras en torno al sagrario.

 

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