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Una santa de nuestra iglesia te va a hablar. Escúchala.

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No sé si te ocurría igual. Cuando era niño y veía las imágenes de los grandes santos de nuestra iglesia me los imaginaba como seres especiales con dones que más nadie podría poseer.

Los veía como seres distantes, alejados del mundo, que caminaban con el corazón en el cielo. Mis favoritos eran san Francisco de Asís y san Martín de Porres del que se dice nació en Panamá.

Tuve la oportunidad de conocer a una religiosa que va camino a los altares por todo el bien que hizo en vida y su relación especial con Jesús Sacramentado y María Auxiliadora.  Se trata de la religiosa salesiana sor María Romero Meneses. La conocí una tarde que mi mamá de niño me llevó a la Casa de María Auxiliadora en las Sabanas, San José, Costa Rica, donde ella desarrolló sus obras sociales.

Mi mamá fue una de sus primeras misioneritas, jóvenes estudiantes encargadas de llevar los domingos el Evangelio y catequizar a los niños de barrios pobres. Les daban además una merienda y consejos para que vivieran en santidad, haciendo lo que agrada a Dios.

Desde pequeño mi mamá me habló de sor María. Recuerdo la tarde que la conocí. Hacía mucho frío y llevaba un abrigo gris. Entramos en la Casa de María Auxiliadora. Cuando sor María vio a mi mamá se acercó a saludarla. Yo preferí quedarme a la distancia para verla mejor. Era extraño ver a una religiosa tan conocida, y pensar que era una santa en vida.

Tengo en casa algunos de sus libros, autografiados a mi mamá. Esta mañana estuve leyendo uno y sentí que me hablaba y te hablaba también a ti. Por eso te comparto estos breves pensamientos de sor María, con la esperanza que te sirvan de consuelo y te den esperanza.

“Seamos buenos, siempre buenos, para tener un tesoro de recuerdos y un porvenir feliz. Ser bueno es mejor que se sabio, que ser rico, que ser afortunado. Es de todas, la felicidad más segura. El hombre bueno no solo goza él solo de sus acciones , sino que difunde a su alrededor una atmósfera de felicidad que respiran todos los que le rodean”.

“¿No sabéis que las dificultades y los obstáculos bajo la acción admirable de la gracia, se transforman a veces en auxilios y cooperan maravillosamente al bien? Cuando una persona se entrega al apostolado, no por propia elección, sino por responder a una llamada Divina, debe estar segura de que, así como Dios la ha querido en el apostolado, así la quiere santa y le dará todos los medios para llegar a serlo.”.

Más consiguen un santo con una sola palabra que un trabajador ordinario con una serie de discursos. Dame pues, Dios mío, la santidad, que es la única capaz de conmover el sentimiento, de traspasar las almas  renovarlas”.

Seamos santos, amable lector, santos para Dios.

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