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Un Jueves Santo supe lo que debía hacer…

Raul Lieberwirth-CC
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Un jueves santo, hace muchos años, visité una parroquia y me quedé orando largo rato ante el santísimo custodiado en un hermoso monumento. Recuerdo aquella noche, como si estuviese aun allí, de rodillas. Tenía muchos pensamientos, y trataba de comprender tanto amor, el sentido de la cruz, la Eucaristía, el don de los sacerdotes. ¡Cuántas bendiciones!

Dejé a un lado mis inquietudes y las reemplacé por un simple: “Gracias Jesús”.

Esa noche tuve sueños de martirio. Me habría gustado morir al grito de: “¡Viva Cristo Rey!”  Pero Dios me tenía reservada otra misión, no tan heroica: escribir, contar mis vivencias con Él.

Él nos conoce y sabe de lo que somos capaces.

Recordé un buen amigo que soñaba con estar algún día al lado de Jesús. Cierta vez me comentó emocionado: “El día que muera hagan una fiesta”.   Por la tarde en el trabajo le conté a unos compañeros y una joven preguntó inquieta: “¿Por qué dijo eso? ¿Tan mal le va?”.  No pude evitar sonreír. Tuve que explicarle que eran sueños de santidad.

Estaba de rodillas rezando, contemplando al Rey de Reyes. Y de pronto, como en una intuición,  lo supe.

Tenía que rezar por las benditas almas del purgatorio. Nunca antes lo había hecho y no comprendí, me pareció tan extraño, pero obedecí por amor.

Debía aprender a amar y aquella era una maravillosa oportunidad.

Esa noche bendita ofrecí las visitas a los monumentos y mis oraciones por estas almas que tanto  necesitan de nuestras oraciones

Le pedí a nuestro buen Jesús que las liberara a todas.  No me parecía correcto pedirle sólo un alma.

Los reyes son Misericordiosos y espléndidos y no le pediría menos. Desde aquella noche rezo y pido por las almas del purgatorio, para que el buen Jesús las lleve al Paraíso. A todas, no pocas. Pido mucho porque Él puede más, en su Misericordia.

Busqué las formas en que podemos ayudarlas y las pongo en práctica.

He recibido de ellas grandes ayudas. Y las llamo: “Mis amigas, las almas benditas del purgatorio”.

Ahora te pido… me atrevo a pedirte, que seas misericordioso (a) y las  recuerdes en tus oraciones.

Les prometí que te escribiría y esperan tu respuesta. Necesitan de ti. ¿Te acordarás de ellas?

Esta noche rezaré, ofreceré y pediré a Dios que tenga piedad, que derrame sobre ellas las gracias que tanto claman, para terminar de purificarse e ir al Paraíso. 

 

………….

 

 

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