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Todo es más fácil cuando tienes sueños de santidad y la vida no ha endurecido tu corazón.

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Aquella noche del 2003 me senté a escribir un pequeño manifiesto que, al día siguiente, 16 de junio, celebrando a la Virgen del Carmen, leeríamos a sus pies, ofreciéndole nuestros afanes.

Hoy encontré ese escrito entre mis viejos papeles. Me hizo recordar los bellos momentos de la confianza plena. Soñábamos grandes cosas y estábamos dispuestos.

“Dulcísima Virgen María: Estamos aquí a tus pies, en este día tan especial. Venimos a implorar tu auxilio y protección para el proyecto que hoy emprendemos. Nuestro proyecto te pertenece, como todo lo nuestro.  Que te sirva de instrumento para iluminar el camino de los que viven en la oscuridad, que lleve fe a los que no la conocen, la esperanza a los que la han perdido, la alegría a los que viven desconsolados… “

El 16 de junio madrugamos, Vida (mi esposa) y yo. A las cinco de la mañana le cantan “las mañanitas” a la Virgen. Nos paramos frente a ella y leímos nuestro compromiso de trabajar con dedicación. A cambio le pedimos “que nuestro apostolado de la palabra escrita brille con la fuerza del Evangelio y sea para bien de las almas”.

¿Qué fue desde aquél día? Caímos muchas veces por la desilusión, las enormes dificultades, las carencias… pero siempre por gracia de Dios, nos poníamos de pie y seguíamos caminando. En los peores momentos llegaba Dios con su gracia y su amor, era como si nos dijera. “Ánimo. Siguan adelante”.

Conocimos la Providencia Divina y los milagros no se hicieron esperar.

Tengo tantas anécdotas, historias fascinantes sobre el Poder, la Ternura, el Amor y la Misericordia de Dios. Recuerdo con emoción la vez que fui al patio de mi casa, cansado de tantos fracasos miré al cielo y le grité a Dios: “Te devuelvo todo, mejor que otra persona lo haga. Ya ves que no sirvo para esto”.  

Diseñaba las portadas, diagramaba y armaba los libros en casa artesanalmente, pero no tenían salida y debíamos regalarlos para llegar a las personas. Estaba decepcionado y molesto. “¿En qué me he metido?” pensaba. Había abandonado todo e invertido mis ahorros para publicar los libros y nada funcionaba.

Esa noche recibí un email.  Recuerdo su contenido:

“Usted no me conoce. Compré un libro suyo en una librería de las Paulinas acá en Chile. Lo leí y sentí que Dios me decía: “Ayuda a Claudio”.  Por eso le escribo.  Soy diseñadora gráfica. Es mi trabajo. Diseño las portadas de los libros a diferentes editoriales. He notado que usted hace sus portadas. Lo suyo es escribir don Claudio. Estoy dispuesta a rediseñar todas las portadas de sus libros y a diagramarlos como debe ser. Y no le voy a cobrar un centavo”.

“¿Es en serio?”, pregunté asombrado.

Muy en serio”, respondió. “Haré lo que Dios me pide, ayudarlo”.

Durante seis meses trabajamos juntos, y empezamos desde cero, esta vez con una calidad extraordinaria. Y los libros comenzaron a circular. Y pude llegar a miles de almas sedientas de una palabra de consuelo.

Hoy mis libros se encuentran en muchos países, traducidos en 4 idiomas y seguimos publicando uno tras otros. Y esto por pura “gracia de Dios”, la “ayuda maternal de la Virgen Santísima”, el buen san José a  quien pido mucho su ayuda y al buen Jesús.

¡Gracias por tu apoyo en este apostolado amable lector!

¡Dios te bendiga!

………..

 

¿Conoces los libros publicados por nuestro autor Claudio de Castro? Son maravillosos. Llenan el alma de una dulce esperanza.

Te invitamos a conocerlos. Es muy fácil hacerlo.

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