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Testimonios maravillosos del Rezo del Rosario

UN ROSARIO POR LA VIDA
Marko Vombergar-ALETEIA
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De niño estudié en un colegio franciscano, en mi hermosa provincia, Colón. Una ciudad costera de Panamá. Las dulces monjas franciscanas nos hablaban del amor de Dios, de su Hijo Jesús, de san José y de nuestra Madre del cielo, la Virgen Santísima.  En clases de manualidades cortábamos madera para pintar y nos enseñaron a hacer rosarios. Recuerdo con cariño aquellas tardes soleadas en que, con unas pequeñas pinzas, alambre dulce y unas semillas, hacíamos un rosario, para obsequiar a nuestras madres.

Eran momento de mucha Paz. Sabíamos que al armar este rosario agradábamos a nuestra madre del cielo y a nuestras madres terrenales.

Hace poco se me ocurrió preguntar a nuestros lectores dónde rezan el Rosario. Recibí testimonios bellísimos que me gustaría compartir con ustedes.  Curiosamente, muchos lectores, como yo, aprendimos esta bella devoción de manos de nuestras abuelitas. 

Yo aún recuerdo a “Mamita”, mi dulce abuela, rezando por las tardes el santo Rosario. Cuánto la extraño.

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De chica veía a mi abuela con el rosario en las manos, aprendí a rezarlo y trato de hacerlo en las mañanas. Da mucha paz y consuelo en el alma.

Mi bisabuela me enseñó a rezarlo, ella lo hacía diariamente a las seis de la tarde.

Yo rezo mi rosario todos los días. Por la noche y leo 3 salmos el 4, 91, 139.  Por la tarde la Coronilla y una oración hermosa Maria desata nudos y siento mucha paz.

A mí me enseñó a rezar el rosario mi bisabuela de chiquita eramos 3 hermanas y nada más a mí me ponía a rezar con ella por las noches y hincada en el piso bien derechita y doy gracias a Dios.

Lo recé desde que era una niña, y lo aprendí por mi abuelita paterna.

Bueno lo rezo en mi hogar casi siempre sola. Lo aprendí de mi abuela, pero lo seguí poniendo en práctica con el ministerio pastoral familiar lo hacemos hogares diferentes familias y se reza también visitando enfermos.

Lo rezo todos los días sola en mi casa. En la iglesia y cuando salgo de viaje siempre me acompaña. Necesito sentirme cerca del Señor y de su Madre.

Me gusta rezarlo comunitario, lo rezó en la calle, caminando, lavando, haciendo el quehacer de mi casa y con los dedos de mis manos, me quedo dormida con el Rosario en mis manos descanso y no tengo pesadillas ni sobresaltos y duermo tranquila. Gracias Madre del cielo, por cuidar de mis sueños y de mi vida.

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Y a ti, ¿quién te enseñó el Rezo del santo Rosario? Cuéntanos!

 

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Nos gustaría recomendarte la lectura de este libro Mariano:

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