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Testimonios de Fe, desde el Sagrario

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Lo que más disfruto de escribir estas reflexiones, es poder interactuar con los lectores. Saber que de alguna manera que no comprendes, puedes llevarles un poco de esperanza. Y te das cuenta por los correos. Suelo recibir Emails de diferentes países. Los que más me gustan es cuando un lector me dice:

“Fui al sagrario y le dije a Jesús: Claudio te manda saludos”.

Me sonrío feliz. Como sabes, me encanta sorprenderlo. Es increíble saber que le han dejado saludos desde un pueblito de España, una iglesia de Asís, una capilla de Costa Rica, Chile, Uruguay, Tierra Santa…

A raíz de mi reciente escrito sobre la puerta del sagrario que se había atascado, recibí muchos mensajes consoladores, personas que habían decidido acompañar a Jesús Sacramentado; pasar más tiempo con él.  ¡Bendito sea Dios!

Un mensaje en particular llamó mi atención.  Respondía una inquietud que tengo desde hace mucho.  No sé si alguna vez lo has pensado. Jesús solía sanar a los enfermos. Incuso una mujer, con sólo tocar su manto, sanó.

“Mientras iba de camino, una mujer que desde hacía doce años padecía hemorragias, se acercó por detrás y tocó el fleco de su manto. Pues ella pensaba: «Con sólo tocar su manto, me salvaré.» Jesús se dio vuelta y, al verla, le dijo: «Animo, hija; tu fe te ha salvado.» Y desde aquel momento, la mujer quedó sana”. (Mt 9, 20-22)

Jesús está presente en la Eucaristía.

¿Por qué no vemos estos grandes milagros hoy día?

¿Acaso no tenemos esa fe?

Es un pensamiento recurrente en mí. “Es Jesús. Está vivo”. Y de pronto este Email tan refrescante:

“Esos son testimonios que te hacen amar más a Jesús Sacramentado. Te dan la certeza de que está presente como lo estuvo hace más de 2000 años, presente, palpable, audible.  Si tuviéramos más fe sanaría a todos los que se le acercaran y lo tocaran y en cada comunión hubiera sanación del cuerpo y del alma.

Hace unos días mi compañera de trabajo me contó que una mujer le dijo que ella tenía una enfermedad que no le habían podido curar.   Un día, frente al Santísimo, oró a Dios por su sanación y esta mujer dice que sintió como Jesús la sanaba desde el Sagrario y cuando le hicieron los estudios, efectivamente el doctor le dijo que estaba totalmente sana de su enfermedad.  «Si tan sólo tocara Su manto sanaría». Y hoy podríamos decir: «Si tan sólo estuviera cerca de Jesús en Sagrario, sanaría».

Basta estar con Él ante el sagrario para tener esa cercanía con Jesús. Y aún podemos hacer más… Lo tocamos en cada comunión y llega a habitar en nosotros, como sagrarios vivos. Una sola comunión bien hecha, en estado de gracia es suficiente para tener esa presencia viva del buen Jesús.

Yo he visto muchas sanaciones espirituales. Personas que recuperan su paz, la alegría de vivir… Y nunca he dejado de sorprenderme.

¡Qué bueno eres Jesús!

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