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Tengo un Mensaje para ti

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Por las mañanas trabajo en casa escribiendo, diagramando mis libros, reflexionando, hablando con Dios, compartiendo con mi esposa Vida. Salimos al rato por un café y unos panecillos calientes. Nos agrada visitar a Jesús en alguna capilla cercana. Una de mis favoritas es la que está en la iglesia San Francisco de la Caleta en Coco del mar, san Francisco, de Panamá.

Hace dos días fuimos allá. Estacioné el auto, nos bajamos y nos dimos una grata sorpresa. Frente a nosotros había un tablero de madera con este mensaje tan directo y certero que te obligaba a pensar.

“Debo sacar una foto”, le comente a Vida mi esposa. “Es un mensaje para compartir”.

Hay cosas que ocurren que no se entienden.

Esa mañana venía reflexionando en la forma cómo debía actuar frente a las personas que te hacen daño, o aquellas que por no saber, se prestan para hacer lo que no es ético.  ¿Confrontarlos? ¿Acusarlos? Son esas personas que te arrancan un mal pensamiento. Me he dado cuenta que en ocasiones soy como ellos y no hago el bien que debiera.

Creo que te lo he comentado. Cuando no sé qué hacer, visito a Jesús en el Sagrario. Es mi mejor amigo y me encanta hablar con Él. Siempre tiene las respuestas. Siempre nos mira compasivo.

He descubierto en Él a un Jesús alegre, misericordioso, amigo, justo, bueno y hasta bromista.  Pero cuando tocamos un tema importante no da vueltas para decirte las cosas como son, aquello que agrada a Dios; con la esperanza que escuches y hagas lo correcto. Y no sólo hace esto, te da la gracia que necesitas para triunfar en esta tarea espiritual.

En aquella capilla sentí como si el buen Jesús me dijera:

“¿Acaso yo juzgué Claudio?  Los perdoné a todos. ¿Sabes  por qué? Porque amé…
Debes amar. Ama y encontrarás tus respuestas”.

Saliendo de aquella capilla tomé mi teléfono móvil y tomé esta foto para ti.

El tablero dice:

“El nombre de Dios es Misericordia”.

Compártelo. Vale la pena.

Nos recuerda quién es Dios y lo que espera de nosotros:

Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.» (Mt 9, 13)

Me di cuenta de mi gran error.

¿Quién soy para juzgar a mi prójimo?
Debo amar. Dios hará lo demás.

 

 

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