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«Te quiero Jesús», estos días Eucarísticos los quiero pasar contigo (un Testimonio bellísimo)

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Cantemos al amor de los amores, cantemos al Señor. Dios está aquí. Venid adoradores, adoremos a Cristo redentor…

Esta semana tengo en mi alma y mis labios las canciones Eucarísticas que de niño nos enseñaron. Cuando con el corazón puro amábamos a Jesús y creíamos “firmemente” en su presencia VIVA en cada hostia consagrada por un sacerdote. Creía. Sabía que estaba sobre el altar en la consagración.

Vivía en Colón, una ciudad costera de Panamá. Frente a mi casa había un pequeño convento donde vivían las Siervas de María.

Recuerdo las misas de las 6:00 a.m. Con cuanta ilusión la esperaba para ir a verlo y estar con Él, antes de irme al colegio cada mañana. Me quedaba en piadosa oración, adorándole, agradeciéndoles tanta bondad.

Me gustaba mucho asomarme por la ventana en la sala de mi casa. Desde allí podía ver los amplios portones de la capilla. Sabía que Él se encontraba en el sagrario, como un «prisionero de amor».  Le enviaba un “te quiero Jesús”.   Se sentía increíble saber que Jesús era mi vecino. Es una sensación extraordinaria.

Al crecer, esta bella devoción se enfrió un poco en mi alma. Me sentía atraído por las cosas del mundo, pero nuestra amistad permaneció invariable. A pesar que a veces me alejaba, Él nunca se fue.

Jesús siempre permaneció a mi lado. Lo supe cuando lo busqué nuevamente. No tuve que hacer mucho esfuerzo. Estaba allí, donde siempre, esperándome.

Hace 29 años faltaban unos días para cumplir los 33. Esa cálida mañana me detuve lleno de inquietudes frente a un parque camino al trabajo. Me bajé del auto y me senté en una de las bancas. Veía a las personas apuradas, para llegar a sus puestos de trabajo. Y yo estaba haciendo un alto en mi vida.

Allí reflexioné largo rato. Y decidí que lo que me restara de vida lo dedicaría a Dios. Fue una decisión fuerte, incomprensible para muchos, pero que lo cambió todo para mí.

No he sido el mejor de sus amigos, lo reconozco. Caigo y me levanto. Pero no me desanimo.  Sé que Él va conmigo.

Esta semana que nuestra santa Madre Iglesia celebra la festividad del Corpus Christi, la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, quiero estar con Él. Visitarlo en los sagrarios. Acompañarlo.

Pero, sobre todo, deseo agradecerle. Decirle una y otra vez: “Gracias por estar conmigo. Por ser mi amigo”. Que sepa que le quiero.

Estos días santos, cuando lo visites ¿podrías darle un mensaje de mi parte? Dile: «Claudio te manda saludos Jesús».

¡Dios te bendiga!

………

 

Me ilusiona presentarte mi libro: «EL SAGRARIO. Lo escribí para ayudarte en tus visitas a Jesús en el sagrario, para que puedas conocerlo y «amarlo» más. Tierno jesús, amigo de todos. Me ilusiona que lo conozcas y lo visites a diario. Y le digas que «le quieres», una y otra vez. «Te quiero buen jesús».

“EL SAGRARIO” es un clásico de espiritualidad que «ENCIENDE los CORAZONES» en el amor a Jesús Sacramentado. Escrito por nuestro autor Claudio de Castro  

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