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¿Te gustaría sostener el mundo con tus oraciones?

George-Martell-Pilot-Media
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En el Diario de sor Faustina encuentras muchos tesoros de espiritualidad, que te ayudan a ver el mundo de otra forma. Con más claridad y misericordia. Te das cuenta que no estamos solos, que Dios vive en medio de nosotros. Y es natural pues “En Él vivímos, nos movemos y existimos”. (Hechos 17, 28)

Esta mañana mientras me tomaba un delicioso café acompañado de unos panecillos calientes, alguien me envió un texto del Diario de Sor Faustina,  sin saber que es algo en lo que últimamente he estado meditando…  La forma como tus oraciones ayudan a otros y al mismo mundo a continuar.

Me habían dicho, y lo creo, que es gracias a la Eucaristía y las oraciones de las monjitas de clausura que Dios nos vé con benevolencia y el mundo sigue girando, día tras día.

Te copiaré lo que me enviaron: “Hay almas que viven en el mundo, que Me quieren sinceramente, en sus corazones permanezco con delicia, pero son pocas. También en los conventos hay almas que llenan de alegría Mi Corazón. En ellas están grabados Mis rasgos (…) Su número es muy pequeño. Ellas constituyen una defensa ante la Justicia del Padre Celestial e implorran la misericordia por el mundo. El amor y el sacrificio de estas almas sostiene la existencia del mundo”. (Diario de sor Faustina 367).

¿Te gustaría ser una  de esas almas?

Dios tiene grandes esperanzas puestas en ti. Ahora, depende de lo que respondas.

La Virgen respondió: “He aquí la esclava del Señor…” Cuánta humildad y amor esas pocas palabras.

¿Cómo puedo ayudar al mundo si estoy casada y tengo hijos? Muy sencillo, sé una buena esposa, educa bien a tus hijos, participa con fervor de la santa misa, reza, ten fe y ofrece al buen Dios todo cuanto te acontezca, lo bueno y lo malo.

Igual si eres un ejecutivo con responsabilidades, o un taxista, o un arquitecto, o médico… Sé un buen esposo, participa activamente de la crianza de tus hijos y reza. Ten fe, sé feliz y reza.

La vida de fe es para vivirla con naturalidad, en lo cotidiano de cada día.

No te desalientes por nada. Ten fe.

Yo me encuentro sentado cómodamente dentro de una cafetería, con mi computadora personal y la taza de un humeante café al lado. Te escribo estas palabras y nadie a mi alrededor sabe que mientras escribo, rezo.

¿Cómo es esto posible?

Es que antes de iniciar mi día le ofrezco a Dios todo lo que hago y le pido:

“Buen Dios, convierte mi trabajo en oración”.

Si me olvido de rezar, pues trabajando rezo. ¿Ves que sencillo?

Anímate, haz la prueba.

El mundo necesita de ti y tus oraciones.

 

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Te invitamos a visitar la página de Claudio de Castro, nuestro autor.

http://www.claudiodecastro.com/

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