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¿Te animas a hacer una pequeña locura en Navidad?

© Plum leaves
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Qué hermosa es la Navidad.

Me trae recuerdos de la infancia, cuando todo a mi alrededor  era tan sencillo. Vivía con la pureza del alma y mi mejor amigo se encontraba en el sagrario. Me bastaba cruzar la calle cada mañana para estar con él y pasar los mejores momentos.

Qué agradable es estar con Aquél que sabes que te ama.

Es lo que he encontrado en el sagrario a lo largo de los años, un amigo, confidente, un hermano, una sonrisa, una voz de aliento y la esperanza de un mundo mejor.

Hoy pasé parte de la mañana escuchando villancicos.  Se hace tan fácil cantar y ser feliz esos instantes hermosos.

“He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarán su nombre Emmanuel, Dios con nosotros” (Is 7,14).

Me da por repetir esta sencilla jaculatoria:

“Ven señor Jesús, quédate con nosotros”.

Qué hermosa es la Navidad, época de compartir, perdonar y amar.

Te dan ganas de abrazarlos a todos, de pararte en una esquina y con un  megáfono gritar:44

“Es la hora de la gracia, ámense, perdónense los unos a los otros, porque ha nacido el Salvador”.

Faltan pocos días para la Navidad. Seguro conoces la canción del  tamborilero. Me siento como ese niño que fue a verle y no tenía nada para regalarle. Y tocó el tambor para Él.  Tengo tan poco que le pueda obsequiar. ¿Qué presentes puedo darle?

Quisiera que al llegar la Navidad pueda extender mis manos y decirle: “te ofrezco mi amor”.  Él que es Amor sabrá acogerlo y seguro sonreirá.

A partir de mañana saldré a la calle con una sonrisa y a todo el que se cruce en mi camino le diré con entusiasmo:

“Feliz  navidad. Dios te bendiga”.

Seguro se preguntarán:

“Y a éste, ¿qué bicho le picó?”

«Amigo me picó la alegría desbordante de la Navidad».

Siempre recuerdo un año que lo hice. En el banco me miraron con desconfianza, en el supermercado igual. Yo me decía:

“Vamos Claudio, no te rindas”. 

Seguí adelante deseándoles a todos una feliz Navidad y de pronto ocurrió. Alguien con mirada de disgusto, súbitamente sonrió y dijo: “Gracias, necesitaba un saludo como ese. Dios te bendiga”.

Cuando me marchaba pasó lo que sólo se explica en Navidad…  Lo escuché exclamando desde la puerta del banco:

“¡Y que tenga una Feliz Navidad!”

 

 

……………

Te invitamos a conocerla página de nuestro autor Claudio de Castro donde podrás leer sobre su vida y aventuras en torno al sagrario.

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