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Siento que Dios me llama, ¿qué hago?

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Estimado amigo(a)

En este momento, alrededor del mundo, muchas personas sienten el llamado de Dios. Viven la misma experiencia que tú.

De pronto un día lo saben: «Dios me ama».  No es algo que han leído, o escuchan en Misa, sencillamente tienen la certeza absoluta:«Somos importantes para Dios».

A menudo reflexiono en Dios, que es amor y todo lo sabe. Esto es un misterio que no logro descifrar.

«Señor, tú me examinas y conoces,  sabes si me siento o me levanto, tú conoces de lejos lo que pienso. Ya esté caminando o en la cama me escudriñas, eres testigo de todos mis paso. Aún no está en mi lengua la palabra cuando ya tú, Señor, la conoces entera». (Salmo 139, 1-4)

De pronto, estas personas se saben amadas desde la eternidad. Y sienten que Dios espera algo de ellos. No descifran en este punto qué es, ni qué hacer.

Es como si durante toda su vida guardaran esta frágil semilla, un llamado íntimo… y de pronto, súbitamente, germina a la vista de todos y les estremece el alma.

La confusión por tratar de entender es muy grande. Vivimos algo único.

La cercanía de Dios no deja a nadie indiferente.

Me escribiste:

«Crece en nosotros un hambre de Dios. Queremos conocer todo lo que podamos de Él.  Buscamos personas que nos hablen de Dios. Y empezamos a llenarnos con un amor profundo inmenso, que nos lleva a reflexionar y hacer un alto en nuestras vidas. Queremos amar, a todos. Queremos abrazarlos a todos. Un gozo desconocido nos mueve compartir lo que estamos viviendo. Si las personas supieran que Dios nos ama de esta forma, el mundo cambiaría».

He recibido correos como el tuyo en los que me comparten inquietudes. Y me preguntan qué hacer, cómo amar más a Dios.

No siempre tengo la respuesta adecuada.

Son experiencias muy personales. Uno y Dios.

Pero creo que hay elementos esenciales que siempre ayudan a descubrir el camino. Son: la oración, la confianza y el abandono.

En este momento tan crucial, que seguramente cambiará para siempre tu vida, debes orar mucho y confiar.

Confía en Dios y su Misericordia. Abandónate en sus brazos paternales, como un niño que toma la mano de su papá y no le pregunta a dónde irán. Sencillamente ama a su padre y le agrada estar con él, sin importar a dónde lo lleve.

Disfruta la «gracia» que se te da… ese sentimiento maravilloso de sabernos amados por Dios.

Déjate amar, aprende a confiar en Su misericordia.

Esto te dará la fortaleza, la serenidad y la alegría para aceptar sus caminos y poder responder con serenidad y alegría:

«Aquí estoy, dispuesto a hacer tu voluntad… «.

«Y, ¿qué quiere de mí? ¿Cuando lo sabré?»

«Algunos lo saben de golpe, es instantáneo, otros aprenden a reconocer las señales que Dios les pone en el camino y algunos lo descubren en el santo abandono».

Va a ser una experiencia maravillosa.

Su amor te llevará a buen puerto, a donde nunca soñaste y vivirás grandes aventuras.

Que la santísima Virgen María te acompañe en tu caminar.

¡Paz y Bien!

 

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Te invitamos a conocer la página de nuestro autor panameño, Claudio de Castro

 

 

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