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«Siempre salgo confortada del sagrario» (Un testimonio bellísimo)

Tabernakulum w kaplicy Notre Dame du Sourire autorstwa Fleur Nabert
Manuel Cohen
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Hoy me llamó la dulce abuelita que a veces me telefonea para contarme de sus dolores, sufrimientos y soledades. Hace un año leyó uno de mis libros, desde entonces me llama para hablar y contarme sus vivencias con Jesús en el sagrario.

Parece mentira cómo el dolor y la adversidad nos enseñan algo fundamental: “Sin Dios no podemos nada”. También nos muestran el valor que tiene a los ojos de Dios cuando son ofrecidos y aceptados.  Ofrecer lo que sufres por la salvación de las almas en un hermoso acto de caridad y misericordia.

Tantas almas necesitan de ti y tus oraciones. La Virgen en Fátima lo dijo con claridad:

«Oren, oren mucho y hagan muchos sacrificios porque muchas almas se van al Infierno porque no hay quien ore ni se sacrifique por ellas».

Reflexioné un segundo y escuché la dulce voz de la abuelita que me decía:

Hoy es mi cumpleaños señor Claudio y no tengo a nadie que me felicite en este mundo, pero me sentí confortada y felicitada por Jesús desde el sagrario. Esta mañana fui temprano a misa. Al terminar me dirigí al pequeño oratorio donde está el sagrario. Me quedé adorando, rezando y por último le conté todo a Jesús: “Mis dolores, penurias, tristezas de anciana, le dije que hoy era mi cumpleaños y nadie me había felicitado”.

―Pero la escucho alegre.

Siempre salgo confortada cuando visito a Jesús en el sagrario.  Por eso cuando alguien se me acerca para decirme que sufre, lo envío con Jesús en el sagrario. Es el consuelo de las almas.

Hizo una pausa y la felicité por su cumpleaños y por tanto amor a Jesús sacramentado. Ella suspiró del otro lado del teléfono.

―Sufro señor Claudio.  A mi edad sufrimos mucho al sentirnos abandonados. Por eso voy cada vez que puedo al sagrario. Después de acompañar un rato a Jesús para que no sienta la soledad que siento yo, le digo: “Que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Me ha dejado admirado. Veo cómo Jesús desde el sagrario la va llenando de gracias insospechadas, de fortaleza y sabiduría. No conozco a nadie que visite a Jesús en el sagrario y quede igual, por eso recomiendo tanto que vayan a verlo. «¡Sí, he visto milagros!! Y los sigo viendo”. Jesús nunca se cansa de consolar, consentir y llenarnos de gracias.

Siempre que visito a Jesús en el sagrario ―concluyó ― me doy cuenta que con Él lo tengo TODO. No necesito nada más para ser feliz.

Tú, que lees estas palabras, ve al sagrario, visita a Jesús, hazle compañía y cuando vayas, por favor dile: “Claudio te manda saludos”. Ya sabes que me encanta sorprenderlo.

¡Dios te bendiga!

………………….

 

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