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Si pudieras volver a vivir, ¿qué harías diferente? (Un bello testimonio)

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A un mes de cumplir los sesenta años aún le pregunto a Dios:

“¿Dónde estás?”

Y Él sigue respondiendo:

“Aquí, contigo, a tu lado, en ti”.

Han pasado tantas cosas desde que decidí gastar mi vida por algo que realmente valiera la pena: mi familia y Dios.

Los años pasaron. Y me detengo a reflexionar.

Pensé que haríamos algo grande, espectacular. En ese momento no conocía bien a Dios. Y no sabía que con Él las cosas no son así. A Dios, quien es amor, lo que le interesa es que amemos, haciendo cosas grandes o pequeñas.

El amor es lo que le da valor a nuestras obras.

Si amas, lo que haces trasciende, perdura.

Escribo con un solo deseo: “Consolar”. Ser una voz de aliento para aquellas personas que atraviesan una situación difícil.

Esto lo aprendí de un sacerdote enfermo, que estaba muriendo., Le pregunté qué era lo que más le gustaba de su sacerdocio. Sin dudarlo escribió: “Consolar”. Me encantó lo que hacía y quise hacer igual. Pero no sabía cómo hasta que empecé a escribir y compartir mis aventuras con Jesús.

Hoy me senté a reflexionar… De tener la oportunidad de volver a vivir, ¿qué cambiaría?

Amaría más a Dios, a todos.
Acompañaría más tiempo a Jesús en el sagrario.
Y le diría más a menudo que le quiero.
Sería misericordioso con todos.
Procuraría ser una mejor persona.

Confiaría en Dios, mi padre y viviría en el santo abandono.
Dedicaría más tiempo a la oración.
Trataría de perdonar a la primera.
Sería más agradecido con Dios.

He pensado mientras escribo estas palabras que no puedo volver a vivir el pasado, pero tengo un futuro por delante, el tiempo que el buen Dios permita.

Esto quiere decir que puedo hacer realidad estos propósitos si me lo propongo.

Me gustaría dar frutos que agraden a Dios.

Reza por mí.  Con mis propias fuerzas nunca lo conseguiré, pero si rezas, me darás la fortaleza que necesito.

A cambio rezaré por ti.

¿Te has dado cuenta? Nos sostenemos unos a otros en la oración y la confianza en la santa voluntad de Dios.

Oh, amado Jesús.
Ayúdame a esparcir tu fragancia
por dondequiera que vaya.
Inunda mi alma con tu Espíritu y tu Vida.

Penetra y posee todo mi ser tan completamente,
que mi vida entera sea ya solo un resplandor de la tuya.
Brilla a través de mí y permanece tan dentro de mí,
que cada alma con que me encuentre pueda sentir tu presencia.
¡Haz que no me vean a mí sino solamente a ti, Jesús!

Quédate en mí, haz de mí luz de tu Luz,
para irradiar tu Luz a todos los que tú llamas;
tu luz, oh Jesús, a todos los que redimes,
Ilumíname, para que en tu Luz sea siempre
irradiación de tu Luz de Amor hacia todos.

Permite que me transforme en alabanza viva,
en Palabra que resuena en el silencio;
y que la debilidad de mis palabras y acciones
no hagan sino dejar constancia,
de que todo cuanto de bueno realice,
solo se debe a la inefable plenitud de tu Amor
que ha unificado mi corazón con el tuyo.

 

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