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Si el mismo Dios, le dio un piropo tan bello a la Virgen María, ¿cómo no voy yo, a piropearla hoy?

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Nuestra Patria es el cielo, no hay dudas de ello. La vida es un camino muy breve para ganarnos el cielo, con nuestras buenas obras, amando, agradando a Dios con nuestros pensamientos, palabras y actuaciones. Y para ayudarnos tenemos a nuestra Madre del cielo.

Desde su primera aparición en Fátima, la Virgen nos recomienda e insiste en el rezo de santo Rosario, «todos los días».

Me encanta cuando les dice a los niños pastores en Fátima.

“No tengáis miedo, vengo del cielo”.  

La Virgen es ante todo madre, de Jesús y madre espiritual de toda la humanidad. ¿Qué es lo fundamental que hace una madre? Ama a sus hijos, los cuida, educa, sufre con ellos, ríe con ellos, disfruta verlos crecer, los alimenta, viste, aconseja.

Desde niño, mi abuela “Mamita” y mi mamá me enseñaron a amar a la Virgen María. Mi mamá solía decirnos: “Ustedes tienen una Madre en el cielo, acudan a ella en todos los momentos de dificultad y dudas. Ellas los va a cuidar y auxiliar”.

Jesús no nos dejó huérfanos, nos dejó a su madre, a la que más amaba, para que velara por nosotros, porque sabía bien que el amor de una madre es capaz de transformar los corazones más endurecidos

La Virgen desde siempre ha estado presente en mi vida. En los momentos más difíciles acudo a ella y siempre responde mi llamado, siempre acude en mi auxilio.

Cuando alguien me habla mal de ella le digo: “Es la madre de nuestro Redentor, y mi madre del cielo ¿cómo no amarla?”

Dios mismo quiso piropearla cuando envío a su Ángel con estas palabras:

«Salve, llena de gracia, el Señor está contigo.»

Si el mismo Dios, le dio un piropo tan bello, ¿cómo no voy yo a piropearla hoy? No temas amar a María, la Madre de Jesús, y decirle que la quieres y agradecerle que nos cuida.

La Virgen santa, vela por nosotros, viene a la tierra a pedirnos que recemos más, que vivamos en la gracia de Dios, que dejemos de ofenderlo y que “hagamos lo que Jesús nos dice”, te toma de la mano y te lleva a su Hijo.

Hoy me levanté antes que saliera el sol, lo primero que hice fue saludar a la Virgen, nuestra Madre del cielo. Estaba meditando en las apariciones de Fátima, viendo la misa en directo desde el santuario, y de pronto me llegó una bella reflexión de un sacerdote amigo.

Cada mañana, este buen sacerdote, en silencio se acerca al sagrario, saluda a Jesús, reza por nosotros, todos, y graba una reflexión que envía para que los creyentes sientan la cercanía de nuestros sacerdotes, y que sepamos que nos tienen en sus pensamientos y oraciones, nos brindan una voz de aliento, para que levantemos el ánimo y nunca olvidemos que somos hijos predilectos de Dios.

Me gustó tanto que te la comparto.

 

 

13 de mayo. Pasaré el día con el Rosario en la mano, repitiendo esta bella oración, que Virgen les enseñó a los pastorcitos para terminar de rezarlo:

“Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente las más necesitadas de tu divina Misericordia”.

¡QUE VIVA LA VIRGEN MARÍA!

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