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¿Sabes por qué sufrimos? ¿Podemos darle sentido? ¿Te has hecho esta pregunta?

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Esta es la pregunta universal que todos nos hacemos. Muchos se la hacen a diario sumergidos en situaciones desesperantes de las que no hallan salida.

La verdad es que el sufrimiento es un misterio que no logro descifrar. Reflexiono mucho en ello para encontrarle sentido. Tiene que existir un motivo para tanto sufrimiento. Leo mucho las vidas de los santos para comprender, ya que ellos sufrieron enfermedades, incomprensiones y hasta persecuciones, siempre con gran paz y serenidad en el alma. ¿Cómo lo hicieron?

Un maestro del santo abandono, del que mucho aprendo, es Job, que a pesar de la adversidad NUNCA renegó de Dios. Lo aceptó todo y lo ofreció. Te recomiendo que lo leas, no imaginas cuánto nos enseña sobre el sufrimiento.

Esta es la perfecta alegría, aceptar de buen ánimo, en cada momento todo lo que Él disponga para nosotros, porque su voluntad que es perfecta… «también sabemos que Dios dispone todas las cosas para bien de los que lo aman, a quienes él ha escogido y llamado.» (Romanos 8, 28)

Me encanta aquella anécdota de la madre Teresa de Calcuta que le reclama a Dios al ver tanto dolor, por qué no hacía nada para aplacar ese sufrimiento. Cuenta ella que por la noche Dios le respondió: «Ya hice algo para remediarlo...Te hice a Ti«.

Todos cargamos una pesada cruz y nos dicen que está hecha a nuestra medida, que nos la dieron para nuestro crecimiento espiritual y que pudiéramos santificarnos siendo humildes, aceptándola, abrazándola. Como tú, llevo mi cruz y la verdad es que no siempre la acepto. Suelo revelarme y preguntar por qué. Al final del camino me postro cansado y con cierta humildad que no es propia de mí, miro al cielo y le digo a Dios: “Que se haga tu voluntad en mí”. También le digo: “Cuando quieras. Como quieras. Cuanto quieras”. Sé bien que en el Paraíso, el dolor ya no existirá.

Es un misterio que nuestra salvación llegara a través del sufrimiento. Una vez leí que Dios escogió el sufrimiento de su Hijo para redimirnos porque todos sabemos y comprendemos lo que es sufrir. La música no todos la entienden, igual ocurre con el arte y otras ciencias. Pero el sufrimiento es universal.

Al verlo sufrir, no podemos menos que amarlo, arrepentirnos de nuestras culpas y enmendar el camino.

Suelo reflexionar en esto y me maravillo por tanto amor a la humanidad. ¡Es increíble! Me pasó  ayer sentado en una banca de aquella iglesia, mientras esperaba que empezara la santa Misa. Leí el salmo 22 con espíritu de oración, procurando imaginar aquél momento de angustia y dolor… y me estremeció alma. Y me sentí tan mal por mis pecados, por amarlo tan poco a pesar de lo que hizo por mí.

“Perdóname Señor”.

«…mas yo soy un gusano y ya no un hombre,
los hombres de mí tienen vergüenza
y el pueblo me desprecia.
Todos los que me ven, de mí se burlan,
hacen muecas y mueven la cabeza:…

Yo soy como el arroyo que se escurre;
todos mis huesos se han descoyuntado;
mi corazón se ha vuelto como cera,
dentro mis entrañas se derriten.

Mi garganta está seca como teja,
y al paladar mi lengua está pegada:
ya están para echarme a la sepultura.

Como perros de presa me rodean,
me acorrala una banda de malvados.
Han lastimado mis manos y mis pies.

Con tanto mirarme y observarme
pudieron contar todos mis huesos.
Reparten entre sí mis vestiduras
y mi túnica la tiran a la suerte.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
¡fuerza mía, corre a socorrerme!» (Salmo 22, 7-20)

………..

 

Quisiera compartir contigo algunas reflexiones y testimonios sobre el sentido del dolor para un cristiano. La aceptación del sufrimiento, darle sentido. Quise titular este libro: “LOS SUFRIMIENTOS DE CRISTO EN MÍ”. Dale una mirada. Es muy fácil de adquirir. Dios te bendiga!

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