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¿Sabes para qué estás en el mundo? ¿Te gustaría saberlo?

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Hoy celebramos un santo muy querido, al que admiro muchísimo. Sacerdote jesuita, chileno: «san Alberto Hurtado Cruchaga» (1901 – 1952). Cuando él tenía dudas se preguntaba: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?» Es una pregunta que suelo hacerme en las encrucijadas de la vida y la respuesta golpea el alma.

No quería que pasara el día sin escribirte de él. Más bien para que tú lo escuches a él, un santo de nuestros tiempos que buscó en todo momento agradar a Dios haciendo su santa voluntad, que podía en el amor reconocer el rostro de Cristo en el pobre, al punto que aseguraba: “El pobre es Cristo”.

Si Cristo encontrara uno… ¿querrás ser tú? El más humilde…. el más inútil a los ojos del mundo, puede ser el más útil a los ojos de Dios

«Yo, Señor, nada valgo… pero confuso con temor y temblor, yo te ofrezco mi propio corazón».

El Señor entró a Jerusalén el día de su triunfo en un asno, y sigue fiel a esa su práctica, entra en las almas de los asnos de buena voluntad, pobres, mansos, humildes. ¿Quieres ser el asno de Cristo?

«Cristo no me quiere engañar, me precisa la empresa… Es difícil, bien difícil. Hay que luchar contra las pasiones propias, que apetecen lo contrario de su programa ¡No estarán muertas de una vez para siempre, sino que habrán de ir muriendo cada día!»

«Sí, hay que luchar, pero allí estoy Yo. Tened confianza en Mí, Yo he vencido al mundo. Mi yugo es suave y mi carga ligera…Venid a Mí los que estáis trabajados y cargados y Yo os aliviaré… El que tenga sed, venga a Mí y beba. ¡Yo haré brotar en él una fuente que brota hasta la vida eterna!»

El que quiera seguir a Cristo, ármese con la armadura de la fe. “Esta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe” (1Jn 5,4). “¡Señor, en tu nombre echaré la red!” (Lc 5,5). Palabra magnífica de los que aman a Cristo y por la fe en su palabra se resuelven a seguirle.

«Necesito de ti… No te obligo, pero necesito de ti para realizar mis planes de amor. Si tú no vienes, una obra quedará sin hacerse que tú, sólo tú puedes realizar. Nadie pude tomar esa obra, porque cada uno tiene su parte de bien que realizar. Mira el mundo; los campos cómo amarillean cuánta hambre, cuánta sed en el mundo”.

Me encantan las palabras de san Alberto, siempre actuales.

Hay una pregunta fundamental que todos nos hacemos: “¿Para qué estoy en este mundo?” He hallado muchas explicaciones y respuestas a lo largo de mi vida, pero ninguna tan maravillosa como la de san Alberto Hurtado.

“¿Qué sentido tiene la vida? ¿Para qué está el hombre en este mundo? El hombre está en el mundo porque alguien lo amó: Dios. El hombre está en este mundo para amar y para ser amado”.

¡Dios te bendiga!

 

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