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¿Sabes cuál es el mejor bálsamo para el alma afligida?

© Kaspars Grinvalds/SHUTTERSOCK
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Anoche no podía dormir, alcanzado por las preocupaciones de la vida.

Mi esposa se dio cuenta y rezamos juntos.

Qué dulce bálsamo es la oración.  Me quedé dormido sin darme cuenta.

Muchas personas tienen la impresión que estoy exento de los problemas cotidianos porque publico mis libros católicos de espiritualidad y escribo estos blogs en Aleteia.  Me pasa lo que a muchos que han decidido buscar a Dios.

La santa Biblia te lo advierte:

“Si te has decidido a servir al Señor, prepárate para la prueba. Conserva recto tu corazón y sé decidido, no te pongas nervioso cuando vengan las dificultades. Apégate al Señor, no te apartes de él; si actúas así, arribarás a buen puerto al final de tus días. Aceptas todo lo que te pase y sé paciente cuando te halles botado en el suelo. Porque así como el oro se purifica en el fuego, así también los que agradan a Dios pasan por el crisol de la humillación. Confía en él y te cuidará; sigue el camino recto y espera en él.”.  (Eclesiástico 2, 1-6)

Sé bien lo que es hallarse “botado en el suelo”.  Y sé también lo maravilloso que se siente cuando Dios se hace presente y te dice:

“¿Me llamaste? Aquí estoy”.

He pasado la mañana en oración. Le pedí a Dios: “Convierte este trabajo en oración”.

De esta forma mientras escribo,  rezo.

La oración es un gran bálsamo que he encontrado cuando mi alma está afligida y no encuentro una  salida.

Para mí, rezar es «permanecer en la dulce presencia de Dios».

Estamos en este momento Dios y yo.  ¡Qué maravilla!  No imaginas la emoción que me inunda el corazón.  Me sé amado. Y tengo la certeza que todo se solucionará.  Dios siempre escucha las suplicas de sus hijos.

En una ocasión enfrenté un problema de tal magnitud que pensé que nunca saldría de él. Era algo que nunca imaginé.  Pasé la tarde pensando qué hacer y nada se me ocurría.  Era como llenarte de una angustia que te carcome por dentro. Salí a dar una vuelta en auto, para distraer la mente. En eso pasé frente a una iglesia, bajé la ventanilla del auto y sin detenerme le grité a Jesús:

“¡Te dejo este problema!  ¡Ahora es tuyo!”

Y seguí mi camino.

¡Qué paz!

Tuve la certeza de dejar esta  dificultad en mejores manos que las mías.

La siguiente mañana, a primera hora, todo se solucionó de una manera impresionante

Quedé impactado. Fui al sagrario y le di las gracias al buen Jesús.

Me río ahora al pensarlo. Vaya ocurrencia la mía. Pero fue efectiva. Descubrí las maravillas de nuestra fe, los tesoros que tenemos a nuestra disposición.

¿Sabes cuál el mejor bálsamo para el alma afligida?  Me he dado cuenta que es una combinación de factores, como una buena receta:

  1. La oración.
  2. La confesión sacramental.
  3. “Confiar en Jesús”.
  4. La comunión diaria.  

¡Dios te bendiga!

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Te invitamos a leer los libros que inspiran, de nuestro autor, Claudio de Castro

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