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Quiero amar, tener caridad y cuánto me cuesta. (No te pierdas esta historia)

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A veces enfrento problemas que sólo puedo vencer con la caridad, pero soy tan orgulloso y testarudo que no lo consigo.

Entonces leo este texto,  la Primera Carta a los Corintios que me sacude el alma y me enfrenta conmigo mismo. Y me doy cuenta cuán equivocado estoy.

Transito el camino equivocado, no es el camino de la caridad ni el amor con el prójimo.

Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si me falta el amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe.

Aunque tuviera el don de profecía y descubriera todos los misterios, -el saber más elevado-, aunque tuviera tanta fe como para trasladar montes, si me falta el amor nada soy.

Aunque repartiera todo lo que poseo e incluso sacrificara mi cuerpo, pero para recibir alabanzas y sin tener el amor, de nada me sirve. El amor es paciente y muestra comprensión.

El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo.

No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo.

El amor nunca pasará. Las profecías perderán su razón de ser, callarán las lenguas y ya no servirá el saber más elevado. Porque este saber queda muy imperfecto, y nuestras profecías también son algo muy limitado; y cuando llegue lo perfecto, lo que es limitado desaparecerá”.

Termino de leer y lo comprendo todo. Sin caridad nada soy. Todo lo que haga sin amor perderá su sentido. Por eso no basta perdonar. Hay que amar. Tanto como para dar la vida.

Debemos amar, tener caridad con todos.

Pero es tan pobre mi amor. ¿Cómo lograrlo? ¿Cómo superar mis limitaciones humanas?

Hay un medio eficaz que siempre está a nuestro alcance: la oración. Orar con el corazón, con verdadero fervor.

Para mí orar es permanecer en la presencia de Dios, mirando al Amor. Y en medio de esa oración profunda le pido:

“Enséñame a amar”.

Cuánto cambiaría el mundo si tuviésemos caridad, si nos amaramos como hermanos a pesar de las diferencias.

Sería estupendo vivir así.

Dios, que busca nuestra felicidad nos dejó el camino trazado, sólo hay que seguirlo.

 

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Te invitamos a conocer la página de nuestro autor Claudio de Castro donde podrás leer sobre su vida y aventuras en torno al sagrario.

 

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